viernes, 21 de mayo de 2010

Sueños de Pamela


Valorar una serie como si fuese una obra de arte es una chorrada tan grande como una casa. Aún así, es un error bastante común.
Muchos comentaristas, acostumbrados a la crítica cinematográfica, aplican mismos baremos de valoración, desconociendo la auténtica esencia de la televisión.


Las series no son bellas ni perfectas; son carismáticas y emocionantes.
Si recurrimos a una metáfora maromística, podríamos decir que una serie es Ben Cohen y nunca será Jon Kortajarena.


Los shows televisivos son productos.
Van dirigidos a un espectro de audiencia determinado y se presentan en función de modas y corrientes.
Ya sea destinada a una minoría selecta o al país entero, si la serie no consigue su público, es un fracaso.


No importa ni su calidad, ni sus buenas intenciones, ni los años que lleve en antena.
Si no alcanza su provecho comercial, se acabará; si no lo mantiene, se cancelará sin miramientos.


Ahí está la reciente noticia de que la CBS se ha merendado sin problemas siete títulos de su parrilla, porque no se atrapan los targets deseados por los publicistas.


Las series cuentan modos de vidas, idearios cotidianos y angustias esenciales.


Sus temas básicos son la familia, la imagen social, la paternidad, el sufrimiento, las aspiraciones profesionales, los problemas económicos y el amor.
En ocasiones, se visten de coyuntura y ofrecen tímidas reflexiones sobre lo que está ocurriendo.


Normalmente, la trayectoria de una serie es irregular.
Todos los factores indicen en su producción, desde el agotamiento de las ideas hasta las deserciones de sus actores, pasando por las presiones de las cadenas y las exigencias de las audiencias.


Esto perjudica sus argumentos, a veces frustrantes, pero inevitables por mor de las circunstancias.
Hasta una tan genuinamente autoral como "Twin Peaks", vivió un bien conocido descalabro.


El caso más paradigmático lo compone "Dallas".
Patrick Duffy, que interpretaba al bondadoso Bobby Ewing, quiso abandonar el culebrón petrolífero y buscar nuevos horizontes profesionales.
Se le dio puerta al personaje, con un electrocardiograma que pitaba fatalmente, diagnosticando la muerte del héroe de "Dallas".


Entre la disminución de audiencia y el cambio de opinión de Patrick Duffy, la producción de "Dallas" insistió en la necesidad imperiosa de la vuelta de Bobby.
En un cliffhanger tremendo, Pamela Ewing (Victoria Principal) se levantaba de la cama, iba al baño y, ¡tachán!, su querido Bobby le daba los buenos días desde la ducha.


Durante el verano, se sucedieron las hipótesis sobre cómo era posible el regreso de Bobby de entre los muertos.


La season premiere traía la resolución más caradura del mundo, pero también la única posible. Todo lo acontecido en la temporada anterior, incluyendo la muerte de Bobby, había sido un sueño de Pamela.


El "sueño de Pamela", toda una rectificación por anulación de lo anterior, es un mito televisivo, sólo posible en el accidentado mundo de la producción catódica.


Asegurar que una serie tenga un final es un lujo.
La mayoría desaparecen, antes de alcanzar una culminación. Sin embargo, algunas han podido darse cierre a sí mismas.


Salvo en el caso de "Six Feet Under", nunca ha habido una reacción unánime en torno a los episodios finales.
Muchos de ellos son más que dignos, pero las expectativas depositadas eran tan altas, que jamás estuvieron a la altura.


A la audiencia no le gustó el final de "Friends", ni tampoco el de "ER".
Los fans de "Battlestar Galactica" protestaron tras ver la culminación.
Y con el plano final de "Los Soprano", dan ganas de tirarle un zapato a la pantalla y tomarse una pastilla para los nervios, a continuación.


Pese a todo, la frustración continuada es parte del encanto de la seriefilia.
De algún modo, nosotros también participamos en la andadura de nuestras sagas favoritas, opinando, decidiendo, protestando, eligiendo personajes favoritos o dilucidando cuál temporada nos gustó más.


Con toda probabilidad, el final de "Lost" de este domingo no será el que todos desean.
Pero seguir esa maldita serie ha sido lo más parecido al más apasionante de los debates, a la mayor de las aventuras, al mejor de los polvos.
Excitante y agotador.

4 comentarios:

Ramón dijo...

Hay finales para todos los gustos. Es algo necesario; y a veces, son horribles. Pero no hay que juzgar una serie por su final: mucho es que llegó a uno.

Llegan muchas series que ya casi imploras por que tengan final, ya cansan. Mueran dignamente, señores!

También me gustan más los pseudo-finales. Aquellos donde se marchan gente importante de la plantilla, y dan un buen final. Y, por desgracia... la serie continua xD Poco... normalmente. Prue Halliwell, se te echaba de menos T_T

Pero si, me uno a la lista, y para mi el final de Six Feet Under es el mejor final que vi nunca.

"Breathe me~ "

Athena dijo...

Ya veo que eso de hacer que las cosas que pasan en una serie sean fruto de un sueño no es algo nuevo...

"Malcolm": una serie que no tiene ni un capítulo malo y cuyo final es perfecto.

Pati Difusa dijo...

Debo confesarme virgen: NUNCA he visto Lost.

Y, por otro lado, discrepo con vuesa merced, una serie de televisión sí puede llegar a ser una obra de arte. SFU así lo ha demostrado. Y su final lo es TODO en la vida.

Kate dijo...

Mmm... yo también estoy esperando a ver cómo será el final de Lost. No me hago muchas ilusiones... va a ser como todos los finales... decepcionante.

Excelente blog, lo sigo leyendo todos los días!!

Un abrazo!