viernes, 14 de mayo de 2010

Por Su Seguridad


Por su seguridad, se vigilará que nadie entre en el perímetro de su propiedad. Por su seguridad, los focos sensores iluminarán a los posibles intrusos de la noche.
Si la puerta se abre, un ruido ensordecedor disuadirá a los ladrones, despertará a toda la familia y alertará al vecindario.


Por su seguridad, manténgase en casa y no salga.
Proteja su vida, su integridad, su patrimonio.
Hay serial killers, violadores, ladrones. Y no se fíe del Tercer Mundo; pobreza y delicuencia suelen llegar juntas hasta su puerta, y usted, privilegiado, debe saber echar el pestillo.


Junto con el dinero, la seguridad es la mayor obsesión de la sociedad.
La desconfianza hacia los demás es directamente proporcional a la riqueza poseída; los ricos se rodean de guardaespaldas, ponen sus tesoros en impenetrables cámaras acorazadas y sacrifican su intimidad para estar protegidos.


En el país más poderoso del mundo, esto último es moneda de cambio.
Los sucesos del 11 de Septiembre aceleraron la preocupación, pero, desde hace mucho tiempo, la sociedad norteamericana vive armada, no habla con desconocidos y sus niños no juegan en la calle.


Cuanto más blanco y elevado sea el individuo, más garantías tiene de desplegar un circuito de protección sobre sí mismo.


Es lo que queda reflejado en la siempre veleidosa Wisteria Lane de "Mujeres Desesperadas" o en la cuarta temporada de "Dexter", donde los habitantes de un ostentoso barrio residencial se organizan para vigilar las calles y estar atentos a los ruidos de la noche.
En ambas, queda claro que el peligro nunca viene de fuera, sino que vive dentro.


La necesidad de protección nace del temor a perderlo todo, a manos de envidiosos, de vengativos, de inmigrantes, de locos, de drogadictos y de toda la galería de sociópatas y criminales.


Ese temor - metáfora de la culpa occidental al edificar su bienestar en base a la explotación ajena - se suele solapar con la incrementación de la policía, la sofisticación de la vigilancia y, en algunas ocasiones, con la inclusión de armas de fuego en los hogares.
Es decir, la versión doméstica del concepto "guerra preventiva".


Pero, aún así, el hurto, el fuego, la corrupción, el abuso, la muerte, ¿quién puede pararlos?


El ser humano aspira a controlar las imprevisiones del mundo y los accidentes de la vida. Quiere retrasar lo inevitable y dilatar la destrucción, desterrándola con una cámara, con un ojo atento.


Esa cámara de vigilancia registrará el ladrón, pero nunca evitará el fallo técnico, ni la suspensión momentánea de la energía.
Esa cámara no será gran desafío para la astucia de los que roban e irrumpen. Esa cámara no registrará el fantasma de la Muerte, ni sus infartos, ni sus tumores cerebrales.


Esa cámara no detectará ni infancias tristes, ni interiores irreparables.
Esa cámara no es más que una mentira piadosa que hace dormir bien.


Por su seguridad, viva en un acuario, quédese dentro de la cámara acorazada, con sus propiedades y sus prometidos bienestares.
Olvide el riesgo, la aventura y la contaminación del exterior.


Supedite el miedo a la osadía, y renuncie al espacio abierto, a la vida de verdad, con todo el temor y la excitación que brinda.


Átese el corsé de la represión y utilice las ventanas del audiovisual para saciar las necesidades de emoción.


El cine de Hollywood, la televisión, el porno, Internet, ¿para qué arriesgarse a salir a la calle?


Usted ha nacido para tener una vida aburrida, soñar con ser famoso y morirse muy tarde.
Por su seguridad, ni se plantee otra alternativa.

1 comentario:

Ratatouille dijo...

Muy bueno. Si los estadounidenses no tienen enemigos ¿cómo justificarían las políticas y empresas armamentísticas, las guerras, sus invasiones? Siempre tienen que generar un "Otro" que produzca miedo y justifique su protección.