
Lo heredó todo de su madre y lo multiplicó por diez.
Liza Minnelli, una diva de los pies a la cabeza, fleco, mirada y voz. Canta como si llorara y nadie puede resistirse a ella.
Liza Minnelli, una diva de los pies a la cabeza, fleco, mirada y voz. Canta como si llorara y nadie puede resistirse a ella.

Nació en la Metro-Goldwyn Mayer, hija del director de cine Vincente Minnelli y de la gran estrella del musical Judy Garland.

Fue la más feúcha de las niñas de Hollywood; sus amigas de infancia eran nenas como Cheryl Crane, Mia Farrow o Candice Bergen.
Demostró pronto que era la que iba a llegar más alto.
Demostró pronto que era la que iba a llegar más alto.

Iba camino de la gloria cuando se dio cuenta de que ya no compartía escenario con mamá; ahora competía con Judy Garland.
Como su madre, Liza fue meteórica y, desde el principio, recibió una admiración descomunal por su voz y su personalidad.
Fue entonces cuando conoció a Peter Allen, el protegido de la Garland. Liza se casó con Peter, pese a que él fuese evidentemente homosexual.
Como su madre, Liza fue meteórica y, desde el principio, recibió una admiración descomunal por su voz y su personalidad.
Fue entonces cuando conoció a Peter Allen, el protegido de la Garland. Liza se casó con Peter, pese a que él fuese evidentemente homosexual.

Hollywood quiso pronto a la niña Minnelli y ella ofreció dos personajes excéntricos, protofrikis y necesitados para "El Cuco Estéril" y "Dime que me quieres, Junie Moon".

Era 1969, y la gran Judy murió, consumida en una pavorosa adicción a las píldoras que acarreaba desde niña.
Todos los ojos se pusieron más que nunca en la que estaba llamada a ser su sucesora.
Todos los ojos se pusieron más que nunca en la que estaba llamada a ser su sucesora.

La reina ha muerto, viva la reina. Era el momento de Liza. Ella desafió las expectativas. La contundente respuesta fue, por supuesto, "Cabaret".
Liza fue Sally Bowles, entregándose por completo, en una interpretación sencillamente fabulosa.
Liza fue Sally Bowles, entregándose por completo, en una interpretación sencillamente fabulosa.

El Oscar y el aplauso unánime de propios y extraños alzaron a la Minnelli como una de las grandes estrellas de los años setenta.

Además, Liza fue una de las pocas que fueron absolutas y versátiles; se movía de Broadway a Scorsese sin despeinarse el fleco.

En el apogeo de su carrera, el Studio 54 demandaba su presencia y allí estaba Liza, como toda una abeja reina del exceso sexual y químico de aquellos años.

A medida que se acercaban los ochenta, las intervenciones cinematográficas de la Minnelli se espaciaron hasta la anécdota, mientras se centraba en lo que siempre se ha sentido más cómoda: los espectáculos teatrales donde es protagonista absoluta.

Pero, como decíamos, lo heredó todo de su madre. Y las adicciones formaron parte del legado.
A sus problemas con las drogas, se ha sumado una salud muy precaria, que ha estado a punto de deshauciarla más de una vez.
A sus problemas con las drogas, se ha sumado una salud muy precaria, que ha estado a punto de deshauciarla más de una vez.

Todo ello y sus inenarrables matrimonios, - cuando no son gays, son eunucos - la han hecho una figura entre patética y entrañable, que ella misma se encargó de parodiar con su intervención en la serie "Arrested Development".

Pero si hay algo que caracteriza a Liza Minnelli es que no quiere abandonar el campo de batalla y siempre encuentra fuerza para nuevas guerras.
Quizá lo aprendió desde niña, entre las bambalinas de la Metro o en los pasillos del Carnegie Hall; los grandes de verdad no se pueden permitir el lujo de morir.
Quizá lo aprendió desde niña, entre las bambalinas de la Metro o en los pasillos del Carnegie Hall; los grandes de verdad no se pueden permitir el lujo de morir.































































































