jueves, 28 de abril de 2011

Suit Up!


Son los vestidos para la ocasión, ideales para el evento, síntomas de lujo y procuradores de una exquisita seducción.
Los trajes masculinos suponen la opción más elevada de un armario, y el terreno a labrar por cada diseñador de moda que espere conquistar a los varones.


Si el desaliño tiene el encanto de lo natural, el traje de chaqueta despierta el ardor de lo impecable.
Las formas rectas favorecen; la sobriedad del conjunto motiva morbo.


Los hombres de Hollywood se han encomendado a las grandes sastrerías para sus momentos de elegancia propia o atribuida.


El estilo trajeado conoce un largo trecho, que va desde aquellas americanas Armani de Don Johnson hasta los milagrosos tuxedos de Alexander Skarsgard, diseñados por Tom Ford.


Un traje nunca falla. Cary Grant marcó la pauta y enseñó a todos los hombres del mundo cómo llevarlos.


Desde entonces, es elección favorita de muchos héroes.
James Bond siempre lo ha considerado el uniforme preciso, tanto para visitar el casino como para desactivar bombas contrarreloj.


El buen traje masculino se diseña con la intención de contener cuerpos voluminosos, parecerlos ligeros y, además, que resulten cómodos a los que los visten.
Porque una mujer bien sufre con vestido piñata y taconazo de justicia, pero un hombre se queja con lo mínimo que le apriete.


Aparte del imperante tomfordismo, "Inception" nos recordaba las posibilidades estéticas de los trajes masculinos.
Se insertaban dentro de un diseño de vestuario apoteósico, firmado por Jeffrey Kurkland.


El mejor parado dentro del reparto fue, sin duda, Joseph Gordon-Levitt, delgadez de muchacho contrarrestado con hombreras de impresión.
De resultas, ideal nene para sobrevolar sin gravedad.


Posibilidades visuales del traje, y también capacidades eróticas.
Una productora de cine porno gay, de nombre Menatplay, explota los escenarios donde los trajes son obligados.


Se mueve en el mundo de la oficina y el trabajo empresarial, donde los ejecutivos llevan corbata y chaqueta todo el santo día.
Asimismo, Menatplay también se sumerge en el universo de las reuniones privadas de alto standing, donde se juega a las cartas, se fuman puros y se bebe cognac.


Hagamos hoy caso de Barney Stinson.
Abotonemos nuestras camisas con premura y vistamos la chaqueta, sintiendo el suave tacto del paño.


Coloquemos los pulidos zapatos, del tal manera que sean la prolongación de este suit de altos vuelos.
En el espejo, irrumpe una elegancia que parecía extranjera a nosotros.
Mientras hacemos el nudo de la corbata, recordemos todos los pasos. Simplemente, para poder hacerlos a la inversa.


Porque no importa tanto saber ponerse el traje como encontrar la ocasión de quitárselo.
Será entonces cuando empiece la verdadera fiesta.

1 comentario:

@Vishoballier dijo...

Me fascina, no hay nada mejor que los trajes, es un momento donde uno se siente único, importante. Las corbatas son mis favoritas.