miércoles, 13 de abril de 2011

Desayuno y Cóctel con Truman Capote


En una época donde los intelectuales podían ser famosos y la celebridad se conseguía por méritos propios, nació para la causa Truman Capote.
Novelista, comediante, fabuloso cotilla y, ante todo, el autor de "A Sangre Fría".


Su reputación como escritor y su paseo por Hollywood le concedieron la notoriedad.
El incorregible Capote tenía la inteligencia para criticar y ensalzar a las estrellas al mismo tiempo, con una lengua viperina que navegó por los más eclécticos círculos de la jet-set internacional.


Su apogeo fue la fiesta de máscaras que organizó en Nueva York, donde sólo unos privilegiados fueron invitados.


Pero Truman Capote era más que ese mariquita excéntrico, de sombrero, gafas, voz atiplada y chascarillo siempre preparado.
Si su figura pública era un escaparate de frivolidad, la mejor manera de conocerlo, revisitarlo y valorarlo se encuentra en su obra literaria.
Una obra fructífera, frustrada, siempre interesante, a veces formidable.


"Otras Voces, Otros Ámbitos" se llamaba su primera novela, publicada a los 24 años.
Ya hablaba de un escritor nato, capaz de trasladar sus fantasmas de infancia dentro de una narración fuertemente poética.


La búsqueda de los padres ausentes y la necesidad de escapismo en pleno Medio Oeste; así era el pequeño Truman, y así se contó a sí mismo.


Un niño fantasioso, pendiente de una madre que no volvía, y seducido por la ruta que iba desde Alabama hasta Nueva Orleans.
La aceptación de la propia homosexualidad sería la parada final de un viaje que se confesaba interior.


El éxito de la novela vino acompañado por la escandalosamente ambigua foto que le hizo Harold Halma, a propósito de la promoción.
Dicen que esa mirada fue el principio de la importancia Truman.


Mientras se dividía entre la colaboración esporádica en guiones de Hollywood, la ingente producción de cuentos y los coqueteos con el teatro, nacía su relato más burbujeante.


"Desayuno en Tiffany's" contaba la saga de Holly Golightly.
Se trataba de una chica prototípica de la jungla neoyorquina, superviviente de citas, tocadores y malas compañías, promotora del carpe diem y celosa guardiana de su propio pasado.


Truman señalaba a su adorada Marilyn Monroe como la gran inspiración: aquella vulgar Norma Jean Baker que llegó a la ciudad para ser otra.
Capote también debería haberse señalado así mismo como otro evidente modelo para la creación de Holly.


Y llegó la obra maestra.
"A Sangre Fría" partía de la crónica de una masacre, que se creyó nunca resuelta, acaecida en un pueblo de Kansas. Los dos asesinos fueron descubiertos casi por casualidad.


¿Quiénes eran los asesinos de la familia Clutter? Capote nos dijo sus nombres y nos lo contó todo sobre ellos.
Nunca antes unos condenados a muerte habían sido el corazón y el alma de una novela norteamericana.


Como todas las grandes historias, el precio fue muy caro.
"A Sangre Fría" fue una bomba emocional de tal calibre, que Truman nunca se recuperó de su onda expansiva.


La leyenda cuenta que llegó a enamorarse de uno de los asesinos mientras lo entrevistaba en el corredor de la muerte.
Y, después, llegaba la sequía creativa.
Así lo recogen los dos excelentes biopics que retratan la magna obsesión del escritor: "Capote" e "Infamous".


A partir de "A Sangre Fría", el éxito social y literario de Truman Capote se contrarrestaba con una grave crisis personal, incrementada por el abuso de alcohol y drogas.
"Plegarias Atendidas" refleja su condición de gran manufacturador del chisme, transportando la malediciencia a insospechados niveles literarios.


Sin embargó, jamás la terminó, y la publicación de capítulos sueltos en la prensa incomodó a los famosos que retrataba. Muchas puertas, antes generosamente abiertas para él, se cerraron para siempre.
Ya parafraseaba a Santa Teresa: "Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas".


Truman Capote terminaba por burlarse de todos los que lo habían encumbrado como imprescindible.
Quizá era consciente de que había encontrado más verdad literaria en un remoto pueblo de Kansas que en cualquier exclusiva fiesta de Park Avenue.


Murió por exceso a los 59 años, y se lo legó todo al que había sido su compañero sentimental desde 1948: el también escritor Jack Dunphy.


Para el resto de los mortales, leerlo y evocarlo ha sido la benévola herencia y el genuino placer.

1 comentario:

TeReSa dijo...

Soy fiel lectora de Capote, en el prólogo de "Música para camaleones" indica que las razones para haber hablado de sus conocidos en "Plegarias atendidas" es el hecho de que el escritor puede hacer uso de las experiencias a las que haya tenido acceso.

Saludos!!