martes, 30 de septiembre de 2008

Jake Gyllenhaal vs. Maggie Gyllenhaal


¿Por qué la palabra "fraternidad" se trocó en sinónimo de paz y concordia?
Los hermanos, como tales, nacen para la guerra y para la disputa por el cariño paterno y los bienes materiales. Al final, siempre queda el amor para solucionar estos litigios. O no.


El hecho de que los hermanos se pelean es una verdad tan evidente que no necesita explicación.
Incluso es probable que dos tan amorosos y estupendos como Jake y Maggie hayan tenido riña en más de una ocasión.
Pero hoy los traemos a "Catfight" con la voluntad de decidir cuál nos gusta más de esta fratría talentosa y de apellido churrigueresco.


Jake gana de entrada, porque está más bueno que el pan.
Y, en cambio, hay que reconocer que Maggie es un poco fea. En todo caso, esta chica tiene un atractivo extraño, con esas facciones tan irregulares y tan lejanas a la perfección quasiangelical de su hermano pequeño.


Hasta "Secretary", Maggie recibía papeles de desapercibida. Es el caso de "Donnie Darko", donde hizo de hermana de Jake, y sirvió como un relleno y una anécdota.
La aclamación de la crítica y la intriga por su personalidad comenzó cuando la vimos sadomasoquista y genial como la servil secretaria de James Spader. Si no fuera por Maggie, "Secretary" sería un desastre.


Gracias a esa interpretación, ahora la Gyllenhaal está en todas las agendas e interviene en la película más exitosa del año.

Jake lo ha tenido más fácil para conseguir papeles protagonistas. Su bellísimo Jack Twist de "Brokeback Mountain" aceleró los corazones, y hoy es sex-symbol y actor de caché.


Sin embargo, Maggie tiene la ventaja de su morbosa fealdad y el impulso de su atrevimiento. Jake es estupendo, aunque esa cara de palo que lucía durante todo el metraje de "Zodiac" fue bastante decepcionante, devorado interpretativamente por Mark Ruffalo y Robert Downey, Jr.


Maggie es adicta al riesgo y a decir lo que piensa. Ahí están sus valientes y polémicas declaraciones en torno al 11-S.
Jake corre el peligro de quedarse subsumido en superproducciones tontas y en esa espiral de rumores y portadas de los tabloides de Hollywood. Son las desventajas de alcanzar tanta celebridad en tan poco tiempo.


Maggie nunca será encasillada, porque siempre le darán papeles de rara, mientras Jake ya se puede ir preparando para toda una sarta de títulos de acción American style.


Quizá para desempatar habría que acudir al factor Heath Ledger, auténtico eje de coordenadas de la carrera de estos dos hermanos.


Y, en ese caso, no cabe duda de que Jake sale mejor parado. ¿Que nos gusta más? ¿Que Heath nos empotre para darnos un beso furioso o para desfigurarnos la cara? Nosotros, al menos, lo tenemos claro.
Era evidente: Jack es guapísimo, encantador, seduce con sonrisas y fragilidad y dan ganas de traérselo a casa. ¿Y a quién recordaremos de los dos?
Maggie, tu hermano te ha ganado por una cabeza... con sombrero vaquero.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Paul Newman es...


- 1925 - 2008
- El hombre más guapo del mundo.
- Estrella de Hollywood.
- Una personalidad íntegra e integral.


- Adorado por todos y todas. La noticia de su muerte, aunque anunciada, nos ha entristecido.
- Se casó con Joanne Woodward en 1958. Cincuenta años después, la ha dejado viuda.


- Verlo perder era tan estimulante como perderse con él.
- Ideal para cualquier atribulado antihéroe que se precie.
- Se atracó de huevos duros en "La leyenda del indomable".
- Ojos azules.


- En "El color del dinero", repitió su papel de Eddie Felston de "El buscavidas". Habían pasado veinticinco años. La Academia le dio entonces su único Oscar.
- Se desprendió de los manierismos del Método. Su mejor decisión artística, sin duda.


- "Oro puro", en palabras de Alexandra del Lago.
- Rival natural y colega inevitable de Marlon Brando.
- Político, humanitario, involucrado, celoso de su vida privada.
- Junto a Robert Redford, aseguraron el éxito y el suspiro en "Dos hombres y un destino" y "El Golpe".


- Como director, era profundo, irregular y algo críptico.
- Adicto a Tennessee Williams.
- Nadie se acuerda de que, en sus inicios, hizo mucha televisión.


- ¿Su última película? Poner la voz a uno de los "Cars" de Pixar.
- Sus mejores títulos nos han hecho pasar grandes momentos.


- Bah, que me traigan un pañuelo que resista todas las lágrimas.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Sally


Icono de la televisión, señora del cine, adicta a los papeles de reivindicativa, de loca y de madre amantísima, ganadora de dos Oscars y tres Emmys; Sally Field es una diminuta mujercita con la potencia de una explosión.


Gustar es su obsesión. Cuando recogió su segundo premio de la Academia, gritó emocionada: "¡Me queréis! ¡Realmente me queréis!". Quizá porque no lo ha tenido fácil, pese a ser una actriz de tantísima categoría.
"Gidget" y "La Novicia Voladora" le colocaron la etiqueta de America's Sweetheart. Todo eran sonrisas en aquella Sally de la televisión de los sesenta.


Su primera hazaña fue sacudirse ese encasillamiento con garbo.
El público no pudo librarse fácilmente del impacto de ver a la dorada Field como "Sybil". En este telefilm de lujo, se narraba la escalofriante historia de una mujer con decenas de personalidades.
Fue el principio de la Sally Field hiperdramática que hoy conocemos.


En los setenta, se enamoró de Burt Reynolds, con quien tuvo una relación larguísima, pero nunca quiso casarse con él.
Fue entonces cuando dio su tour de force de sindicalismo y conciencia obrera en "Norma Rae", su primer Oscar.


A continuación, el esfuerzo de la Field fue resurgir continuamente.
Esta bajita siempre ha hecho mucho ruido, pero ha necesitado una constancia imperiosa para mantenerse en el lugar que le corresponde a lo largo de los años.


Esta noche vuelve con toda la artillería pesada como Nora Walker para "Brothers & Sisters". Nuevamente nuestra queridísima Sally aspirará a conquistarnos, con esa cara de lista, esas facciones ratoniles, esa capacidad de emocionar a manos llenas y esa sonrisa inconfundible.
Ya lo escribí hace un año en este blog: es una madre y le encanta serlo.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Forsythe


"¡Está mintiendo! ¡Está mintiendo", protestaba el señor Carrington desde el banquillo de los acusados. En el estrado, su primera mujer, Alexis, de vuelta en Denver y con la necesidad de hacerle la vida imposible.
No importaba que John Forsythe hubiese trabajado con Hitchcock. El público decidió hacerlo imprescindible en el momento en que el fuego se apoderó de "Dinastía".


Su protagonista masculino se convertía en toda una institución catódica. El pelo cano, la mirada franca, la plenipotencia petrolífera, dos mujeres inenarrables y una sarta de vástagos conflictivos; John Forsythe nunca había sido tan excitante.


Fue uno de los investigadores a la caza de los asesinos de "A Sangre Fría" y el marido cornudo de Lana Turner en "La Mujer X", pero sus intervenciones cinematograficas más recordadas las consiguió a las órdenes del gran Alfred: "The Trouble with Harry" y "Topaz".


Sin embargo, Forsythe siempre fue, ante todo, televisivo. "Bachelor Father" y su show propio definen esa carrera construida con papeles de rectitud y bonhomía al estilo americano.
Y Forsythe también fue Charlie, la voz sin rostro, que daba los buenos días y encargaba arriesgadas misiones a Farrah Fawcett, Kate Jackson y Jaclyn Smith en "Los Ángeles de Charlie".


En 1981, George Peppard era el elegido para interpretar a Blake Carrington para "Oil", la serie que pretendía quitar la hegemonía culebronesca a "Dallas". Peppard se sintió incómodo desde el principio con el personaje y la serie; tras una semana de rodaje, se despidió.
Los creadores de "Oil" sorprendieron a todo el equipo con un cambio doble. La serie tendría otro nombre, pasándose a llamar "Dinastía", y el actor para el papel principal sería John Forsythe.


Ahora es imposible pensar en "Dinastía" sin Forsythe. El señor Carrington vivió una deseada evolución: de corrupto magnate del crudo a adorable padre de familia disfuncional.


La manera en que comprendía a sus hijos resultaba emocionante. Perdonó mil veces al cabronazo de Adam, aceptó la homosexualidad de Steven, adoró por encima de todo a la casquivana de Fallon y quiso con locura a Amanda, una hija de la que desconocía hasta su existencia.
Pero, sobre todo, aguantaba con elegancia la rivalidad a muerte entre sus dos marchosas esposas: la dulce Krystle y la zorrísima Alexis.


La cara y la cabellera de John Forsythe es el emblema de una época dorada para la soap opera de lujo. Hoy, con toda la nostalgia posible, se producen los reencuentros y los revivals. Forsythe echa de menos a sus dos chicas, sin ninguna duda.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Serie de Hospital


"... Nuestros programas favoritos eran las series de hospital. En aquel momento, decíamos que eran brutales, porque salía mucha sangre, se veían unas inyecciones enormes y los accidentes múltiples estaban a la altura de la fanfarria esperada.
Ahora estoy seguro de que el atractivo residía en su condición de dramas profundamente sentimentales, que seducían con sus grandes temas: el amor, la moralidad, la vida, la muerte y la resurrección.


En nuestros confortables hogares, la luz de los televisores subyugaba nuestros caracteres abúlicos.
La serie de hospital nos traía un mundo distinto, acotado por las paredes acrílicas de las salas de emergencia, atrapado en horarios laborales de infierno, sincopado por el furioso ruido de los beepers en las batas y punteado por el pitido fatal de los electrocardiogramas.


Aquellos doctores de ojos brillantes y párpados maquillados eran nuestros héroes. Con las gafas de plástico, se protegían de las hemorragias que se disparaban a chorro, de los lamentos de los heridos y de los suspiros arrepentidos de los agónicos.
Éstos veían a la dama de la guadaña en una sala llena de aparatos inverosímiles, radiografías alzadas y material clínico tirado por el suelo.


Con las mascarillas, los médicos de la televisión reprimían sus quejidos de cansancio, callaban sus cuitas sentimentales y ocultaban sus deseos de recuperar lo perdido.
Se miraban entre ellos, a la búsqueda de una comunicación de sentidos, sentimientos y ojos pasados de rímel.


Para nosotros, la serie de hospital no provocaba vocación médica; sólo una extraña y placentera amargura.


Era la evidencia de que vivíamos en un mundo peligroso, donde un accidente podía ser devastador. También podíamos morir por un error de diagnóstico; los doctores tenían el mismo miedo que nosotros.


Pero contemplar esa cotidianeidad absurda de la muerte trocada en espectáculo, le otorgaba una categoría de grandeza.
Cualquiera que llegase a esas camillas, no importa lo vulgar que fuese, alcanzaba la trascendencia del show.


Hubo una época en que oír la hora de la muerte mantenía nuestros corazones en un apretado puño de suspense, melancolía y éxtasis...".

jueves, 25 de septiembre de 2008

Noah Wyle


Divino en Catodia donde los haya, Noah ha crecido delante de nuestros ojos. De ser niño adorable a hombre sexy, han pasado quince años.
A Noah Wyle se le reconoce por su nariz afilada y su capacidad de comunicar una indudable honestidad.
"ER" es su centro de gravitación; se fue de la serie tras once años, pero no ha dejado de volver.


Noah Wyle es John Carter, que empezó como un apocado estudiante de medicina, proveniente de una familia tan acaudalada como fría y suspicaz ante su decisión profesional; ahora Carter funda centro médico propio.


En medio, la superación de la timidez, el completo aprendizaje vital y laboral y una inacabable galería de mujeres.


Ni Clooney ni Goran Visnjic, el gran conquistador de "ER" siempre ha sido Noah Wyle.
La primera chica que le conocimos a Carter, le contagió una enfermedad venérea; la última, Makemba Likasu (Thandie Newton), le dio un hijo que murió al nacer y, tras la tragedia, fue la causante de que Carter abandonase Chicago, para seguir sus pasos hacia la práctica de la medicina en África.


La eterna juventud de Wyle, su irresistible sonrisa y sobre todo, esa napia tan prometedora de proporciones similares en partes inferiores, son las claves del porqué está invitado un jueves.


Como todas las demás, también nos enamoramos de Wyle y de su Carter. Poco a poco, casi sin darnos cuenta. Cuando pudimos confesarlo, ya era demasiado tarde para retroceder.


Cabría citar que Noah Wyle también ha participado en películas notables, como "Donnie Darko", y que ha incorporado a Don Evans, ex secretario de Comercio estadounidense, en la esperada "W.", retrato de George W. Bush según Oliver Stone.


Pero lo que nos interesa de verdad es que hoy arranca la decimoquinta y última temporada de esa "ER" que nos quita el sueño. Y Wyle regresará a casa. Es lo esperado y - nunca mejor dicho - deseado.