viernes, 30 de noviembre de 2007

Plumas


Guarda esa mano en el bolsillo, baja la cabeza y borra esa mirada aviesa. ¿No ves que tienes pluma? ¿Quién te has creído que eres? ¿Bette Davis, acaso? ¿O una invitada del sofá de "Tómbola"?
Pero quizá lo mejor para ti es que no me hagas ni puñetero caso.
A ti, locaza, que tu vida es la mano suelta y el cruce de piernas, que te sientas derechita y en el filo del sofá. Educada, gentil, sociable, extrovertida y emocional. ¿Qué sería del mundo sin ti? (Y sin mí, que, a pesar de todo, sigo siendo la más taquillera).


Apartada del celuloide, la pluma en las películas de Hollywood era anecdótica y puntual. Pero ahí están esos dos pioneros: Bambi y Sabú.
De nombre único y ambiguo, el cervatillo de Disney y el niño de la Orientalia Warner daban un nuevo sentido a la palabra "vivacidad".
Después estaban los villanos, misóginos y sadistas, del tipo George Sanders o Clifton Webb, que portaban la boquilla como un apéndice de su maldad upper class y amanerada.

Pero el nicho de lo gay en el cine clásico se encuentra en la comedia de enredo, porque la loca era motivo de mofa. A veces, sin ninguna clase. Otras, divertídisima, como en "Con Faldas y a Lo Loco" (Some Like It Hot).
Y otras, definitivamente curiosa, como el caso de Rock Hudson en "Confidencias a Medianoche" (Pillow Talk), haciéndose pasar por lo que realmente era.


Con la paulatina aparición de homosexuales en la pantalla, la loca fue desterrada a un segundo lugar, porque sólo se estaba dispuesto a aceptar al gay seriote; es decir, al que no se le nota. Injusto remiendo intermedio para la intolerancia.
Pero el homosexual fascinado con las divas, el de la cadera suelta y el que se lanza a la pista de baile, borracha o no, ha vuelto y ha recuperado su sitio.
Desde el Emory de "Los Chicos de la Banda" hasta el David Fisher de "Six Feet Under", soltar la mano es sinónimo de reconocerse y aceptarse.


En cualquier caso, la loca todavía debe ser reivindicada; sus plumas vuelan por encima de sus seres queridos y sus dardos malvados se clavan en sus enemigos.
No hay nada más humano que perseguir un sueño de trascendencia y divinidad.
Y qué importa lo que digan los demás, ¿eh?

jueves, 29 de noviembre de 2007

Daniel Craig


Estábamos ciegos y ciegas antes de "Casino Royale". O quizá el traje de James Bond tiene más efecto del que imaginábamos.
En cualquier caso, Daniel Craig merece un jueves, tanto como el mundo necesita amor.


Especialista en miradas turbias y personajes complejos, Craig tenía una carrera notable antes de ser el último espía al servicio de su Majestad.
Había aparecido en títulos tan importantes como "Camino a la Perdición" o "Munich", pero, definitivamente, debíamos estar mirando para otro lado. Si no, no lo entiendo.


Daniel fue toda una elección sorpresa para sustituir a Pierce Brosnan en la interminable saga de 007. Un Bond rubio, que podría haber sido elegido perfectamente para incorporar al arquetípico villano.
Los productores de la franquicia querían renovar por completo la imagen y la esencia de una serie que había perdido lustre, y Daniel Craig se convertiría en el aliado perfecto.

Y el resultado fue que "Casino Royale" se reveló como la más exitosa e interesante película de James Bond. Y Daniel, más cerca de Steve McQueen que de Roger Moore, es mejor actor y más espectacular físicamente que cualquiera de los 007 anteriores.


Además, este año, hemos visto a Craig como un ideal Perry Smith para Truman Capote en la brillante "Infamous" y ha encadenado dos estrenos con Nicole Kidman, mientras se prepara "Bond 22".


Daniel Craig, de atractiva imperfección, de orejas comestibles y morros peculiares, es magnetismo, es sexo. Verlo salir del agua replantea la existencia de Dios en nuestras mentes agnósticas.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

La Huelga Allí y Aquí


Hasta Alicia Keys ha ido a cantar a las manifestaciones.
Los guionistas norteamericanos quieren más derechos y han apagado los ordenadores. Las series y las películas con domicilio social en Los Ángeles y Nueva York se han quedado sin pegamento.
Apoyadas por celebridades, periodistas e incluso por el público, las protestas de la Writers Guild of America han paralizado por completo la producción de ficción en Estados Unidos. Se acusa a las grandes productoras de negar derechos económicos de los escritores en la difusión de las obras en DVD.
Las negociaciones parece que llegarán a buen puerto, y que la huelga terminará probablemente tras las Navidades.

Este auténtico pulso de los escritores ha tenido una repercusión mediática tal, que ha sido suficiente para que los guionistas de este país nos pongamos rojos. De envidia y de vergüenza.
Aunque no me gusta hablar en plan gremial (y, de hecho, estaba tardando en escribir sobre el tema), tengo la información de primera mano y la experiencia en mis carnes para hablar de la situación del guionista español.
Una industria que no existe, una profesión poco aseada y que no se renueva, un estatus de escritor que ni siquiera se reivindica por los que lo ejercen.


Por un lado, el guionista en este país tiende al masoquismo y al victimismo y, por otro, choca con unas condiciones de trabajo que lo equiparan a un oficinista.
Y, como bien decía Joaquín Oristrell: "cuando una serie fracasa, es culpa del guionista; cuando triunfa, el éxito se atribuye a sus actores".

En comparación, la ficción televisiva española no vale ni como parodia de la norteamericana. El episodio piloto de "Perdidos" tiene mayor presupuesto que cualquier temporada entera de una serie de este país.
Los guionistas de "ER" disponen de tres meses para escribir un capítulo; los de "Hospital Central", cuatro semanas como mucho.


Se imitan las fórmulas de éxito, pero lavadas y sin riesgo. No cabe la osadía, porque no hay televisión para las minorías. Series tan punteras como las que ha lanzado HBO ("Los Soprano", "Six Feet Under", "Curb Your Enthusiasm") serían impensables en este país.

La culpa se puede atribuir a muchos. Normalmente, se dice que el quid está en las pocas narices que tienen los productores ejecutivos frente a los responsables de contenidos de las cadenas. Otros opinan que la segmentada e irregularizada condición de los guionistas provoca una inevitable disminución de la calidad. Una última puntualización interesante habla del escaso camaleonismo de los escritores, que son geniales hablando de su barrio, pero son incapaces de crear humor.

Quizá todo se debe a que la profesión es invisible y no se concreta como tal. El guionista no es un artista, es un técnico creativo que recurre a la imaginación para establecer el mejor modo de contar una historia que enganche al público.
Evidentemente, estamos a años luz de la figura "creador-productor" que instiga las grandes series estadounidenses.

ALMA, la única asociación de escritores audiovisuales españoles, nos ha convocado el 1 de diciembre. Permitidme que levante la ceja derecha en señal de escepticismo.
No sé si meterme a cantante.

martes, 27 de noviembre de 2007

40 Años del Mito Camp (8): La Falsa Secuela


Las tres películas más vistas del año 1968 fueron "El Graduado", "Adivina Quién Viene Esta Noche" y "El Valle de las Muñecas".
Al contrario que las dos primeras, nuestro mito camp fue desterrada de los Oscars más importantes. Sólo conseguiría una nominación a la mejor banda sonora original; la primera de las innumerables que recibiría John Williams.
Sin embargo, para la arruinada Fox, la fórmula show biz 'n' pills parecía todo un filón.
Así, se le encargó a Jacqueline Susann que redactara el borrador de una secuela de las aventuras de sus queridas muñecas.
Tras dos intentos, el estudio, insatisfecho, decidió prescindir de la Susann.

Russ Meyer tuvo el sentido de la oportunidad para hacerse con la realización de "Más Allá del Valle de las Muñecas" en 1970.
El guión, co-escrito con el popular crítico de cine Roger Ebert, dejó claro que no se trataba de una segunda parte, sino de una parodia en toda regla.

La decisión de la Fox de aceptar una película tan tremenda como ésta sólo se entiende por su situación de franca decadencia, que le llevaba a olvidarse de su proverbial conservadurismo y contratar a un personaje tan suis géneris como Meyer. La entrada de éste en una major de Hollywood estuvo a la altura de lo esperado.


"Más Allá del Valle de las Muñecas" también habla de tres chicas y sus experiencias en el show-business.
Pero sin melodrama; Russ prefería la música rock, el humor absurdo y las voluminosas delanteras al aire de sus queridas megavixens.
Colorida y divertidísima, Roger Ebert la definió como "el fruto de que los locos se hagan con el control del manicomio".

La picante y desprejuiciada aventura de tres chicas en fiestas y orgías de Hollywood acaba consiguiendo el efecto contrario que su modelo.
Si "El Valle de las Muñecas" se tomaba tan en serio que terminaba por resultar risible, su falsa secuela era una comedia que se revelaba más profunda de lo que pareciera.

Probablemente, por la masacre que da término a la película.
No estaba en el guión original, pero fue introducida a última hora, al pairo de la brutal irrupción de los Manson en la fiesta de Los Ángeles en la que muriera Sharon Tate.


El resultado de "Más Allá del Valle de las Muñecas" dejó al público un tanto desconcertado, aunque pronto ganó el mismo seguimiento de culto que la película original.
En los setenta, la Fox lanzó una sesión doble de ambos films, que se convirtió en un duradero exitazo en las sesiones golfas de Estados Unidos.

Aunque objetivamente es mejor película, nunca ha conseguido desterrar al "Valle" original de los corazones de los adoradores del trash.
En resumidas cuentas, se suele decir que la película de Robson es la gay y la de Meyer, la hetero. Por algo será.


lunes, 26 de noviembre de 2007

El Trabajo es...


- La putadita que comienza todos los Lunes.
- El castigo que Dios dio a Adán por excederse en las consecuencias de su relax.
- Un derecho y un deber.
- Condena y aliena al hombre.
- Horas perdidas para siempre.
- Dinerito a día primero de mes.
- El proceso que necesita cualquier cosa para ser conseguida.
- La mejor manera de ocupar la mente y olvidar que somos unos infelices y unos insatisfechos.
- El capitalismo y el comunismo coinciden en que es imprescindible.


- Si te esfuerzas, puedes mejorar tu situación laboral... o no.
- En otras épocas y otros países, destrozaba el cuerpo. Ahora y aquí, destroza la mente.
- Antes, era antítesis de nobleza. Ahora es sinónimo de estatus.


- Si no lo tienes, te quejas. Si lo tienes, también.
- Di lo mucho que has trabajado siempre en un programa de televisión. Aplauso asegurado.
- Una forma de masoquismo. Al jefe sólo le falta la fusta.
- Es como el amor. La dignidad y el orgullo mejor te los tragas.
- El mundo del currículum vitae, el café de máquina, el escaqueo y el finiquito.


- Aguanta, aguanta, cotiza, cotiza.
- Compra un boleto de lotería todos los días.
- Lo que define a los ciudadanos de verdad.
- Provoca adicción.
- ¡Igualdad laboral YA!
- Cada vez está peor, si alguna vez fue bueno...
- Donde todas las emociones se disparan, especialmente las más bajas.
- El trecho que va desde la civilizada entrevista hasta el despido improcedente.
- El estado en el que se valoran el fin de semana, las vacaciones y el ocio.
- Espera a tener 65 años.


- A lo que Larry Durrell (el protagonista de "El filo de la navaja") se negaba.
- A lo que Paris Hilton es negada.


- Es una lata. Todos los días te tienes que levantar (Luis Aguilé)
- Bah, yo nací para estar panza arriba. ¡Viva el dolce farniente!

domingo, 25 de noviembre de 2007

Cher


En 1998, Cher reapareció preguntando si do you believe in life after love?, dispuesta a reconquistar la discoteca con su voz ronca, pero, en esta ocasión, modulada electrónicamente.
"Believe" no era ejemplo de la mejor Cher, pero el público internacional respondió como nunca y ese disco fue el mayor éxito de su vida. Que ya es decir.
Hay un largo trecho desde que Cher fuera toda una institución de la televisión norteamericana hasta su oportuna reconversión en esa especie de travesti mitificado que hoy conocemos.
Ahora apenas se parece a la cantante mestiza y hippie que cantaba "I Got You Babe" con su marido Sonny Bono, a finales de los sesenta.


Sonny Bono fue quien la auspició y quien consiguió que "The Cher and Sonny Comedy Hour" fuera posible. Combinaba actuaciones musicales con sketches donde la pareja simulaba discusiones. Allí fue donde presentaron a su hija, la legendaria Chastity Bono, que actualmente es una reconocida lesbiana.
Cuando las trifulcas entre Sonny y Cher se hicieron reales, el programa terminó abruptamente para consternación de su audiencia millonaria.

Una Cher aún más extravagante y sin Sonny Bono se convertiría en la reina del pop de los setenta en su siguiente show televisivo; esta vez, en solitario.
Es quizá su época como cantante más sugerente, con clásicos como "Gypsies, Tramps and Thieves", "Dark Lady" y "Half Breed".
Su gusto por epatar con vestuarios cada vez más rococós definió su imagen para siempre.


Ya en ese momento, Cher centró sus esfuerzos en que los productores cinematográficos creyeran en ella, hasta que consiguió su aclamado papel en "Silkwood", junto a Meryl Streep.
Porque la Cher grande es la Cher actriz. Se ha prodigado poco, pero en sus grandes interpretaciones ha estado siempre sensacional.
Así, lo consideró la Academia dándole el Oscar por "Hechizo de Luna".


Y con su Señora Flak de "Sirenas" logró otro triunfo doble, como actriz y poniendo de moda la canción "The Shoop Shoop Song".


En 1998, murió su mentor y primer marido. En honor a Sonny, Cher entonó un emocionado "Many Rivers to Cross" en el funeral. Ese mismo año, se produjo su sonado comeback.
Actualmente sus seguidores, la mayoría gays, le exigen que vuelva. Pero Cher ya ha recogido todos los premios y se ha hecho con todos los públicos.
Prefiere estar retirada y a merced del cirujano plástico. Siempre ha conseguido lo que quería esta Cher.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Dipsomania


Ay, borrachito de fin de semana. Apegado a la cerveza, al vino tinto y a los licores espiritosos. A las tres horas, has perdido la visión y has recuperado la sonrisa de cuando eras niño.
Tus amigos son más amigos que nunca. El futuro está claro. Nadie te puede vencer con cuatro copas entre pecho y espalda. Y vas al cuarto de baño con la sensación de que tienes más glamour que la Garbo pedo en "Ninotchka".
La sociedad te lo permite.

Siempre y cuando no te levantes al día siguiente con cierto temblor y la necesidad imperiosa de echarte otro trago al coleto para calmar los nervios. Ahí empieza el problema. Has entrado en el reino de Dipsomania. Estás jodido.

¿Bloqueo creativo? ¿Crisis existencial de escritor? ¿Un scotch bien cargado para terminar "Suave es la Noche"? ¿Tres Pernods para finalizar "Ancho Mar de los Sargazos"? Mira a Scott Fitzgerald y a Jean Rhys. No se tenían en pie. Tanto talento apurado en vasos de cristal.


Quizá te entre la nostalgia, la melancolía, y entonces sea el momento de llorar. Habría que aprender de Van Heflin, el cogorza cinematográfico por excelencia, de mano temblona, lagrimita larga y chupito rápido.
Tal vez haya motivos freudianos. ¿Problemas sexuales?
Como dice el borrachísimo Robert Stack de "Escrito sobre el Viento", la cuestión no es verter el vaso, sino hacer que lo viertes. Buena máscara para tu impotencia.
Cuando te has matado a beber como Nicolas Cage en "Leaving Las Vegas", cuando tu mujer es más alcohólica que tú tras tantos "Días de Vino y Rosas", es hora de la rehabilitación.


A gritar por un trago en el sanatorio de desintoxicación, con la cara desencajada y la mente animalizada. Nunca más te quedarás frito en el jardín, se acabaron tus compañías de pedo y es recomendable que lances la petaca al río.

En las reuniones de Alcohólicos Anónimos, te encontrarás con las chicas de la televisión.
Allí estarán Abby Lockhart y Alison Parker. E incluso Bree Van de Kamp, que ha traído una cesta de muffins mientras se aguantaba las ganas de servirse un Chardonnay.


Con tiempo y voluntad, te recuperarás y pedirás perdón. Ya no te llamarán Sue Ellen en el barrio.
Tu imagen ya no será aquella de las gafas de sol y la bolsa del Lidl con la botella de whisky. Ganarás peso y reconducirás tu vida. Eso sí, procura no encontrarte con una malvada Gene Tierney que te deje el carrito de bebidas a la vista, al estilo de "El Filo de la Navaja".
Porque se ha acabado la fiesta para siempre. Ni una sola gota.


viernes, 23 de noviembre de 2007

El Viaje de Fernando


El señor Fernán Gómez parecía eterno. Por eso, su muerte resulta tan extraña. Quizá porque ha estado ahí como un tótem del siempre irregular cine español. Y ha sido el único artista que la industria ha conservado, mimado y empleado durante décadas y décadas.
Hoy me apetece recordar "El extraño viaje", su película maldita como director.
El análisis más salvaje de la vida provinciana de este país jamás realizado. El cádaver en la barrica, Carlos Larrañaga travestido, y Jesús Franco y Rafaela Aparicio como dos hermanos imbéciles. Imprescindible.

Fernando Fernán Gómez (1921 - 2007)

jueves, 22 de noviembre de 2007

Ewan McGregor


El primer rubio de nuestros maromos. Ewan ha conquistado el jueves, este Día Glorioso que, si no existiera, habría que inventarlo.
Como muchos de los actores de los que hemos hablado en este blog, McGregor es otro ejemplo de la nueva estrella.
Un talento incuestionable, un físico estupendo y su nombre encima del título de la película. Pero la vida privada, los pequeños pecados y los grandes escándalos quedan estrictamente reservados.

Han pasado once años desde "Trainspotting", la película que lo dio a conocer en todo el mundo. Desde entonces, un vistazo a su filmografía deja la boca abierta a cualquiera. Porque Ewan no ha parado ni lo piensa hacer.
Su Renton que paliaba la apatía de su pueblo de Escocia con vistosas alucinaciones heroinómanas supuso una de esas interpretaciones intuitivas y arriesgadas que tanto nos gustan.

Abonado a la ambigüedad, Ewan no tenía problema en desnudarse para Peter Greenaway o en convertirse en una sexualizada estrella del rock glam para "Velvet Goldmine".


La industria hollywoodiense lo llamaría a bocinazos para que se tranquilizase y participase en la nueva trilogía de "Star Wars". Así, Ewan fue el joven Obi Wan Kenobi, con trencita y espada láser. Su llegada al blockbuster nunca lo ha apartado de papeles interesantes.

Cuando se tiñe el pelo, está aún más bueno. Y ahí está su encantador Christian de "Moulin Rouge" o su empresario playboy de la tontita "Abajo el amor".


No se le resiste ni el vestuario de época ni los directores personales. Va de Tim Burton a Woody Allen sin ningún problema. Pasa del chándal zarrapastroso al impecable smoking dejando atrás los complejos.
La televisión nunca le ha gustado, aunque los fans de "ER" no lo podemos olvidar en su aparición en uno de los grandes episodios de la serie, como el chico escocés que atraca una tienda de ultramarinos en la que se encuentra Julianna Margulies.

Sexy y tierno como pocos, Ewan es adorable, simpático y sólo se puede pensar en él en términos pecaminosos. ¡Viva Escocia!

miércoles, 21 de noviembre de 2007

El Sexo según "Shortbus"


Ya deberíamos saberlo todo sobre el sexo y las relaciones. Tendríamos que ser a la fuerza máquinas perfectas de amor. Es lo que nos corresponde históricamente. Pero los protagonistas de "Shortbus" no lo tienen tan claro.
Sofia no ha tenido un orgasmo en su vida, pese a los polvos brutales que echa con Rob, su marido.
Severine se prostituye, mientras anhela el contacto real.
James llora cuando se corre. Su novio Jamie piensa en reciclar su relación y abrirla a otros.
Y Caleb los espía desde la ventana de su aburrido piso.


Todos se encuentran en el mismo lugar, un local clandestino llamado "Shortbus", donde se practica el sexo libre, mientras se debate sobre los sentimientos, el arte, la música y la diplomacia relacional. Observar es participar.


Sofia, la anorgásmica (que, irónicamente, es terapeuta sexual) se ve incapaz de decidir. Porque, al final, descubre que no se trata de una decisión consciente, sino de un impulso vulgar y envolvente que provoca la sensación sublime y momentánea que tanto buscaba.


Quizá el sexo no es la solución definitiva, pero sus aportes de disfrute definen gran parte de la felicidad de nuestra vida. Teorizarlo es perder el tiempo, aventurarse en él nos hace humanos.
Todavía hay ataduras, todavía hay insatisfacción. Y sobre todo, una profunda desorientación. Pero sacralizado o no, el cuerpo está para ser entregado.
Y, como dice el maestro de ceremonias, se trata de conectar con una energía universal.
La frigidez emocional en el caso del suicida James es mejor olvidarla.
Cuestión de electricidad. Es la respuesta que nos da John Cameron Mitchell.
John Cameron Mitchell ya nos había encantado con "Hedwig and the Angry Inch", el musical heterodoxo que él mismo protagonizó.
"Shortbus" es mucho más ambiciosa, pero parte de una intención honesta, radiografiando el sexo de manera inconexa y casi documental.
Explícita hasta la pornografía, pero con la miga dramática y el sentido del humor que nunca ha tenido ésta, "Shortbus" es una película para buscarse en ella e identificarse.
Porque nos suena muchísimo todo de lo que habla.

martes, 20 de noviembre de 2007

40 Años del Mito Camp (7): Mark Robson, Valor Seguro


"El Valle de las Muñecas", la novela más escandalosa que los norteamericanos habían devorado, resultaba para la Fox todo un reto.
Porque se tenía que conservar el aspecto depravado de la historia, que era lo que la hacía atractiva para el público. Pero evidentemente, se requería contención y clasicismo.
La "modernidad" en su justa medida, pensaba Hollywood.

El elegido fue Mark Robson, un veterano director que había iniciado su carrera como asistente de montaje de Robert Wise en "El cuarto mandamiento", de Orson Welles.
Su éxito en la RKO, bajo el amparo de Val Lewton, le permitió realizar dos aclamados dramas pugílisticos, "Más Dura Será la Caída" y "Champ".


En el instante de la producción de "El Valle de las Muñecas", Robson ya no era el que se formó en la RKO de los años cuarenta.
Ahora era un cineasta Fox, especialista en adaptaciones de best-sellers polémicos.
Su mayor éxito había sido "Peyton Place", la adaptación cinematográfica de la controvertida novela de Grace Metalious.
La ilustración de los traumas sexuales y los esqueletos en los armarios de la sociedad provinciana americana fue debidamente rebajada.
"Peyton Place" es un melodrama colorido, con Lana Turner como protagonista, pero sin la subversión ni el riesgo estilístico de los grandes títulos de Sirk.


Ahí está la clave del cine de Robson. Es absolutamente impersonal y gris. Casi siempre era eficiente, y tiene títulos estimables, pero, en la época, era ejemplo del "anti-autor".

Nominado al Oscar en dos ocasiones, por "Peyton Place" y por "El Albergue de la Sexta Felicidad", los jerarcas de la Fox contrataron a Mark Robson como valor seguro para trasladar el universo de Anne, Neely y Jennifer a la pantalla, con las convenientes restricciones.
Viendo el desastre final, cuesta atribuir la culpa a una persona determinada de entre el equipo creativo de la película. Pero, aún así, gran responsabilidad se debe a su director.
La escenificación de Robson es inexplicable, y su dirección de actores, definitivamente intrigante.

La puesta en escena está perdida en la indefinida línea de producción por la que se optó.
Así, el contenido sórdido de la historia queda inapropiado en medio de unas secuencias concebidas en suntuoso Panavisión. Es decir, la dirección es benigna, clásica, cuando debía ser maliciosa y potente. El desajuste explica parte de la sensación de ridículo que proporciona la película.

Y en torno a la dirección de actores, está el ya nombrado asunto de Patty Duke.
Como Robson, la oscarizada Duke se suponía, de antemano, garantía de calidad. La realidad fue muy distinta.
En el set, fueron sonadas las peleas entre director y actriz.
Porque ninguno de los dos llegó a entender al personaje de Neely O'Hara. Y se evidencia de manera notoria en esa Patty Duke completamente desorientada; un muestrario de histrionismos que contrasta brutalmente con sus compañeras de reparto, tan peripuestas e inexpresivas.


Pese al varapalo crítico que recibió Mark Robson, el taquillazo de "El Valle de las Muñecas" le permitió continuar su carrera en la Fox sin ningún problema, aunque la decadencia del estudio a finales de los sesenta espació los proyectos.
Su último exitazo fue a ritmo de Sensurround y cine de catástrofe en "Terremoto".
Evidentemente, Orson Welles y Val Lewton quedaban ya muy lejos del horizonte robsoniano.