jueves, 8 de julio de 2010

Charlie Hunnam


Le está sentando muy bien la edad, tanto física como profesionalmente.
Charlie Hunnam siempre ha sido una monada y un chico de talento, pero basta verlo en "Sons Of Anarchy" para refutar la primera idea.


Esa serie es la demostración clara de que el tiempo se muestra decididamente benévolo con Charlie.


Este rubio de Newcastle encontró una oportunidad de oro cuando fue el Nathan Maloney del "Queer As Folk" británico, que supuso su primer papel de notoriedad.


Charlie era el yogurín seducido y desvirgado por Aidan Gillen que, después del inevitable heartbreak, se espabila y se introduce sin problemas en el ambiente gay.


La polémica rodeó inmediatamente la corta edad de su personaje, pero Hunnam supo reconvertir el escándalo en atención.


La valía de su sensible interpretación hizo el resto.


Se mudó pronto a Los Ángeles, aunque no dejó de estar disponible para el cine y la televisión de su país de origen.


Al poco tiempo, era "Nicholas Nickelby" en postinera adaptación dickensiana, e intervenía en tres títulos donde interpretó a chicos un tanto psicóticos.


Él mismo la llamó su particular "trilogía de los locos".
Fue el pavoroso albino de "Cold Mountain", el violento hooligan de "Green Street" y un miembro de los Fishes en "Hijos de los Hombres".


Tras un impasse de dos años, Charlie aparecía como protagonista de la serie "Sons Of Anarchy".
Hablamos de una de esas joyas televisivas escondidas que, poco a poco, van alcanzando un culto a la altura de su calidad.


De momento, llueven las comparaciones con "Hamlet" y "Los Soprano".
Y, durante la segunda temporada, emitida el pasado otoño, su audiencia se duplicó.


Se trata de un poderoso retrato de las bandas motoristas, originalmente hippies, que se transmutaron en delicuentes organizados para sobrevivir.
Charlie Hunnam es Jax Teller, llamado a ser el líder del grupo, que introduce la necesidad de disminuir el grado de violencia que los caracteriza.


Una voluntad que choca con los deseos de su padrastro y de su dominante madre, decididos a continuar con el tráfico de armas y el uso de la fuerza.


Nuestro Charlie es un sueño de motero y, con ese look, recuerda mucho al Brad Pitt de los noventa.


Su nombre se echa de menos en las nominaciones de los Emmy que se han anunciado hoy, pero no hay nada de lo que preocuparse.


El futuro es un lugar lleno de Charlie Hunnam.

miércoles, 7 de julio de 2010

2003


Era el año perfecto para perderse en la traducción.
El mundo estaba tan pasado de rosca en 2003, que nadie entendía nada.
Probablemente, tú también saliste a la calle más de una vez y protestaste contra los planes de estos tres hijos de la grandísima puta.


Pero no te hicieron el más mínimo caso. Y viste perfectamente para lo que sirven la sociedad civil y las Naciones Unidas.


Esos tres hicieron lo que les dio la gana y salieron impunes. Pero nunca nos engañaron.
No había armas de destrucción masiva. Que no, que no, mentirosos, mentirosos.


En marzo, Bush entró en Mesopotamia cual John Wayne poschorra, adueñándose del ímpio territorio y disparando a matar entre la familia Hussein.


En la ceremonia de los Oscars, celebrada al compás del comienzo de la guerra, se vivía una calma de sepulcro.
Nicole Kidman y Catherine Zeta-Jones prefirieron no pronunciarse, Chris Cooper clamó "¡Peace!" y Almodóvar habló de la legalidad internacional.
La música irrumpía rápidamente cuando los discursos de los ganadores se tornaban políticos.


Diane Lane leyó el sobre del ganador al mejor documental del año y gritó muy contenta el nombre del señor que iba a salvar la noche más hipócrita de Hollywood.


Entre abucheos, aplausos y la inmisericorde orquesta, Michael Moore se consagró como la némesis del presidente en un país francamente dividido ante la invasión de Iraq. Shame on you!


Cayó el régimen de Saddam, pero no ocultó las numerosas coartadas de la guerra.
Entre ellas, el hecho de que, tras el 11 de Septiembre, los norteamericanos no habían conseguido atrapar a Bin Laden ni habían podido acabar con Al-Qaeda.
Qué mejor plan que recurrir a un viejo amigo. Es decir, el novio del Diablo de "South Park".


Ese año, se estrenaban dos series tan aparentemente diferentes como "Battlestar Galactica" y "Carnivàle".
Ambas eran poderosas sagas fantásticas, que nos contaban cómo el individuo queda fatalmente absorbido por el devenir de los tiempos más destructivos y debe asumir una misión tan necesaria como terrible.


También comenzaba "Nip/Tuck", virulento diagnóstico sobre esa sociedad que conoce los secretos del bótox, no sabe nada de Darfur y elige a Schwarzenegger como gobernador de California.


El camino era azaroso en 2003. Y, así, abundaban las películas de venganza y reparación.
Nemo buscaba a papá, Sean Penn iba en pos de su corazón en "21 Gramos", y Uma Thurman tenía una agenda de asesinatos más candente que la del señor Bush.


Nadie entendió las dos secuelas de "The Matrix", mientras el desenlace de "El Señor de los Anillos" fue, sin problemas, la película más vista del año.


El mood del año se encontraba en el ostinato de los White Stripes para su "Seven Nation Army".


Los Black Eyed Peas se preguntaban "Where Is The Love?", y Beyoncé les contestaba, so crazy, con un primer disco en solitario que la confirmó como arrasadora diva bailonga.


En una súbita necesidad de intimismo, piano evocador y voz queda, el álbum más vendido de 2003 fue el "Come Away With Me", de Norah Jones.


La oveja Dolly prefirió morirse. Sus cuidadores aseguraron que el fallecimiento no tenía nada que ver con su naturaleza clónica.
Pero, cuando en el año te cuentan una mentira, el escepticismo es rey.


En España, los "hilillos" de fuel que derramó el Prestige habían provocado el mayor desastre ecológico de la historia del país.


Se limpiaba Galicia, mientras el presidente del país se dormía en su panal de rica miel.
Soñaba con Georgetown, con la grandeza, con el final de ETA, con la boda de su hija y con todo aquello que siempre lo hizo feliz.


Al año siguiente, se despertó y tuvo que limpiar el sangriento precio de su foto en Azores.


El problema principal es que estos tres tenían un agudo complejo de Aragorn.
Desafortunadamente para el mundo, ninguno de ellos era tan guapo, ni tan valiente, ni tan justo, ni tan efectivo.

lunes, 5 de julio de 2010

La Mente es...


- Pensamiento, percepción, memoria, emoción, voluntad e imaginación.
- Trabajo cerebral.
- Lo intelectual y lo emocional en un pulso infinito.
- Causa de tanto quebraderos como dolores de cabeza.
- Lo que entra en suspensión temporal cuando te enamoras o se te pone dura...


- ... aunque cualquier sensación humana pasa indefectiblemente por ahí.
- Destino del psiquiatra.
- Quimera del loco.


- Políticas de la cognición y potencialidades de la distorsión.
- Estado de conscientes, inconscientes y subconscientes.
- Archivística del pasado.


- Nuestro hardware.
- Morada del intelecto, reguladora de los sentidos, disparadora de impulsos.
- Tu única compañía cuando estás solo.


- Residencia del cambio de opinión, del sentido del ridículo y de la contradicción.
- Espiritualmente, asociada con el alma y el toque de Dios en el ser humano.
- Alto voltaje en los genios y los superdotados.
- Arma potente de Carrie White y de los chicos de "La Furia".


- I hope you don't mind...
- Lo que algunos deberían empezar a usar.


- Y lo que otros deberían dejar de usar tanto.
- Bah, ¡reseteo!

domingo, 4 de julio de 2010

Kathleen


De sedoso pelo rubio, voz ronca y mirada gatuna, Kathleen Turner ofreció una poderosa mujer fatal en "Fuego en el Cuerpo", su primer papel cinematográfico.
Desde ese momento, se la comparó con Lauren Bacall.


Se cuenta que Kathleen, que tiene fama de deslenguada, se encontró con la Bacall en cierta ocasión y le dijo: "Yo soy la joven tú".


En cualquier caso, Kathleen Turner se confirmó pronto como una actriz de identidad propia y escrupuloso gusto, más versátil y ambiciosa de lo que fue nunca la Bacall.


"Tras el Corazón Verde" (Romancing the Stone), aventura romántica junto a Michael Douglas, fue un éxito imprevisto y consagró a Kathleen como estrella.


Era entonces reclamada por directores como John Huston o Ken Russell, fascinados con esta mujer de armas tomar, capaz de llevar a la perdición a quien quisiera.


Ella, engreída como ninguna, aseguró que, si un hombre no la miraba una noche en un bar, debía ser gay.


Su luminosa presencia hacía que películas como "Peggy Sue Se Casó" parecieran buenas, aunque siempre tuvo fama de diva y de actriz difícil.
Terminaba los ochenta con sólo catorce títulos en su currículum, pero sin despeinarse y con el público a sus pies.


Fue la voz de Jessica Rabbitt, y decía una mítica frase que sonaba como una declaración de intenciones: "Yo no soy mala. Es que me han dibujado así".


Tras un par de descalabros a principios de los noventa, la Turner ofrecía su gran papel de culto, para John Waters en la desternillante "Serial Mom".


Fue entonces cuando se la diagnosticaba de artitris reumatoide, una enfermedad que obstaculizó su carrera, la apeó del estrellato y terminó por arruinar su privilegiado físico.


El tratamiento no fue demasiado efectivo, y Kathleen estuvo años sufriendo un dolor insoportable, que quiso aplacar con alcohol.
La bebida se convertía en daño colateral y en otra batalla que superar.


Para estupefacción del público, Kathleen Turner aparecía vieja y oronda en títulos como "Las Vírgenes Suicidas".


Sin embargo, Kathleen fue la primera en tomárselo con humor, y la prueba más contundente la obtuvimos en su aparición en "Friends", interpretando al papá transexual de Chandler.


Su esfuerzo ha permitido reconducir su carrera, combinándola oportunamente con la televisión. Las últimas noticias la sitúan en la serie "Californication".


El destello que conquistó a propios y extraños sigue vigente, y su voz continúa seduciendo.
Porque los mayores fuegos no se extinguen tan fácilmente.