Era rara, difícil de definir y su estilo era más sutil que impostado. Como las grandes, no era guapa pero lo parecía. Como ninguna, era versátil.
y su enigmática figura es imprescindible en el Hollywood clásico.
Se rumorea que "Ha nacido una estrella", la historia de un actor alcohólico que encumbra a su talentosa esposa, estaba inspirada en el primer matrimonio de Barbara Stanwyck.
El conflictivo Frank Fay fue quien la llevó de Broadway a Hollywood, obsesionado con convertirla en una actriz famosa. Los Fay conformaron una pareja iracunda y pasional, con fecha de caducidad.
El matrimonio terminó para siempre cuando, en una terrible borrachera, Frank tiró a la piscina a Dion, el hijo adoptivo de ambos.
Mientras Frank Fay caía en el olvido, la Stanwyck encontraba a Frank Capra, quien le dio sus primeras grandes interpretaciones, que ya evidenciaban su extraña sensibilidad y su talento sin afectación.

El escándalo de la controvertida "Illicit"la hizo conocida, mientras llovían los papeles para directores tan eminentes como William A. Wellman, Cecil B. de Mille, John Ford y King Vidor.
Con éste último, haría la interpretación más memorable de su primera época. Un clásico de los pañuelos: el melodramón materno-filial "Stella Dallas".
Mientras se sucedían los éxitos, la Stanwyck se casaba por segunda vez. Esta vez, con todo un astro de la pantalla: Robert Taylor. Se ha comentado muchísimo acerca de este matrimonio que duró casi veinte años. Se rumorea que era el clásico enlace amañado para encubrir homosexualidades respectivas. Pero lo más notorio era la fijación edípica del Taylor.
La madre de Robert, paralítica y absorbente, se insmicuyó en los planes de matrimonio hasta tal punto que pretendía que su hijo olvidase la noche de bodas y la pasase en su dominante compañía.
Esto fue la clave del matrimonio de la Stanwyck. Robert Taylor siempre vio a Barbara Stanwyck como una madre. Y la envidiaba con fuerza. Sólo hay que comparar talentos dramáticos.

Durante los años cuarenta, la Stanwyck se asentó fuertemente en la gran pantalla. Obtuvo sus grandes papeles de comedia, con "Bola de Fuego", de Howard Hawks, y "The Lady Eve", de Preston Sturges.
Y, por supuesto, llegó Phyllis Dietrichson. Pese a una temible peluca rubia, Barbara creó una brillantísima
femme fatale en la magistral "Perdición" (Double Indemnity), de Billy Wilder. Fue el papel de su vida.

En 1951, mientras Robert Taylor rodaba "Quo Vadis?" en Italia, la Stanwyck pidió el divorcio. Según cuentan, debido a las continuas infidelidades del muchacho.
En 1985, un incendio destrozó la casa de Barbara. Aseguró que lo que más lamentó perder fueron las cartas de amor que le enviaba Robert Taylor.
Ya desde los sesenta, Barbara hizo la transición a la pequeña pantalla sin complejos y se convirtió en una presencia habitual de la televisión.
Tuvo su show propio y fue especialmente querida por el público como la matriarca de "The Big Valley". Su última aparición, luciendo canas y encanto otoñal, fue cortesía de "Los Colby".
Culminaba así la carrera de una trabajadora nata y testaruda, de elusiva vida privada. Nunca ganó un Oscar.
