miércoles, 26 de octubre de 2011

La Huella de "My Own Private Idaho"


Las calles tienen alma y las carreteras son caras tristes.
Los chaperos cuentan sus primeras veces, que pudieron ser las últimas. Uno de ellos se queda dormido en el camino de Portland a Idaho, con parada en la desazón.


Nunca des por sentada una película, debería rezar el primer mandamiento de todo cinéfilo. No creas que la recuerdas, tendría que ser el segundo.


Volver a ver "My Own Private Idaho" tantos años y tantas vidas después ha sido una experiencia curiosa.
Por un lado, ha sido como conocerla por primera vez, al entenderla mucho más, sentir su vibración, comprender su trascendencia, establecer su legado.


Pero, a la vez, he llevado mucho conmigo de "My Own Private Idaho" todo este tiempo.
Muchas de sus secuencias y recovecos han vivido escondidas dentro de mí, sin ser demasiado consciente de ello.
La simpática imagen de River Phoenix viendo "Los Simpson" había quedado archivada en el proceloso recuerdo tanto como la escalofriante escena de la hoguera.
Ha supuesto descubrir una huella silenciosa y emocionante.


En los tiempos donde el cine independiente merecía ese nombre, nació "My Own Private Idaho".
El aplauso que recibió la anterior obra de Gus Van Sant, "Drugstore Cowboy", permitió la luz verde y la atención inmediata de New Line Cinema.


La surreal odisea de los chaperos de Portland tuvo especial resonancia en los círculos críticos. En cambio, no fue un gran éxito de público en 1991.
Eran otros tiempos para el indie, más libre, menos noticiable.


La fama de "My Own Private Idaho" se multiplicaría años más tarde, a raíz de la muerte de River Phoenix y la ascensión de Keanu Reeves al Olimpo hollywoodiense.
Los fans de uno y otro corrieron a revisarla.


Las noticias de su concepción y rodaje hablan de una obra que se nutrió de la improvisación y las voces de todos los que participaron en ella.
Su espíritu quedaba alimentado de aquello que retrataba: la vida nómada e inabarcable de los seres que viven de la calle.


"My Own Private Idaho" es un puzzle de imágenes y sensaciones, con un sello autoral muy definido.
Y, como ya sabemos, todo ello implica que el resultado no sea un film fácil.


Por entonces, muchos la vieron como una osadía.
Retrataba la prostitución masculina y se metía en las camas homosexuales sin miedo ni complejo.


Pero "My Own Private Idaho" no es exactamente una película de temática gay.
Etiquetarla así supondría reducir la visión de una obra compleja, inmiscuida en las vibraciones de la naturaleza humana y adicta a las imágenes del lado más desfavorecido de su país.


Existen dos estadios emocionales en "My Own Private Idaho", que corresponden a las vivencias de sus personajes principales.


Keanu Reeves interpreta a Scott Favor, el díscolo hijo del alcalde.
Un niño bien en fase de rebeldía, que vive en las calles, se prostituye y descubre el mundo, mientras espera la llegada de la madurez.


Van Sant se permite sumergirse en las líneas de "Enrique IV", de William Shakespeare, a quien llega a acreditar como dialoguista adicional.
Esta es la parte más desquiciada de la película, y la que más ha dividido las opiniones.


Por un lado, Van Sant otorga nobleza y esplendor a lo que está contando, antes que centrarse en explotar su sordidez.
Por otro, incurre en una apuesta arriesgada, que despide el olor de la pretensión.


Mientras, River Phoenix es Mike Waters, el niño que nunca dejó de serlo.


Se duerme, tras ataques nerviosos de narcolepsia, y sobrevive, entre la maldad de los desconocidos y la bondad de los extraños.
Pierde gran parte del presente, mientras sueña con el pasado.


Esa imagen del desvalimiento integral concentra la gloria y vigencia de "My Own Private Idaho".


Personaje y actor se hacen uno.
En retrospectiva, el hecho de que River muriese pocos años después hace que su interpretación parezca aún más sobrecogedora.


La secuencia de la hoguera, que fue reescrita por el propio Phoenix, se establece como un retrato hermoso del amor no correspondido.
Dicha hermosura nace de su sencillez.


Es ahí donde "My Own Private Idaho" trasciende su propia temática y se hace universal.
No importa ni la orientación sexual, ni lo mucho que nos vendamos, ni nuestro estatus, ni el pasado, ni la hora que es.
Lo que importa es que ahora me muero por besarte, tío.


Dos personajes distintos, convergentes y divergentes. Mikey va en busca de su madre, mientras Scott se permite huir de sus figuras paternales.
Scott reclamará lo que es suyo, y sus años en la calle quedarán como un cuento viejo.
Para Mike, no hay más horizonte que el asfalto, donde pena ahora y donde morirá mañana. Definitivamente, dos Américas, dos realidades.


No sé si "My Own Private Idaho" es una obra maestra, la mejor película de los años noventa o cualquier otro epíteto que se quiera usar para elogiarla.
Pero sí estoy seguro de que volveré a ella dentro de muchos años y muchas vidas, y la sentiré viva, triste y esplendorosa.


Siempre distinta, siempre como la primera vez.

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