
La tercera en discordia de las grandes soap operas de los ochenta, "Dinastía" nació a la vez que "Falcon Crest" y con la voluntad de superar a la campeonísima "Dallas".
Creada por Richard y Esther Shapiro, aspiraba a diseccionar las vidas de la aristocracia norteamericana, en general, y de la clase petrolera de Denver, en particular.
En 1981, comenzó su andadura.
Su primera temporada tiene poco ver con lo que se convertiría a continuación.
Se inicia con la boda del magnate Blake Carrington (John Forsythe) con su secretaria, la bondadosa Krystle (Linda Evans), perdida como una Jane Eyre en la imponente mansión de su nuevo marido.
Y descubre estupefacta a los inefables hijos de Blake: Steven, el traumatizado gay, y Fallon, una especie de ninfómana con cierto síndrome de Electra.
“Dinastía” iba de refinada y pretenciosa en ese momento.
Más que asegurar la diversión camp, se preocupó por retener hasta cierto punto sus licencias melodramáticas y preferir la sosería al desmadre. Parecía una descolorida y sedada imitación de “Escrito sobre el viento” de Douglas Sirk.
Creada por Richard y Esther Shapiro, aspiraba a diseccionar las vidas de la aristocracia norteamericana, en general, y de la clase petrolera de Denver, en particular.
En 1981, comenzó su andadura.
Su primera temporada tiene poco ver con lo que se convertiría a continuación.
Se inicia con la boda del magnate Blake Carrington (John Forsythe) con su secretaria, la bondadosa Krystle (Linda Evans), perdida como una Jane Eyre en la imponente mansión de su nuevo marido.
Y descubre estupefacta a los inefables hijos de Blake: Steven, el traumatizado gay, y Fallon, una especie de ninfómana con cierto síndrome de Electra.
“Dinastía” iba de refinada y pretenciosa en ese momento.
Más que asegurar la diversión camp, se preocupó por retener hasta cierto punto sus licencias melodramáticas y preferir la sosería al desmadre. Parecía una descolorida y sedada imitación de “Escrito sobre el viento” de Douglas Sirk.

Pero el tono cambió precisamente con la incorporación de un nuevo personaje en la segunda temporada: Alexis, la primera esposa de Blake.
Interpretada con malévola perfección por Joan Collins, Alexis se convirtió en una de las villanas preferidas de la pequeña pantalla, inaugurando una memorable rivalidad con Krystle durante los nueve años que duró la serie.
La llegada de Alexis fue una declaración de intenciones.
El nuevo derrotero de la serie estaba claro: potenciar el exceso lujoso – y lujurioso – de la espesa saga y exprimir el sensacionalismo hasta límites inconcebibles.
Las tramas cada vez más enrevesadas, con cegueras, abortos, envenenamientos, juicios sumarísimos, hijos perdidos y peleas de gatas entusiasmaron al público de la época, que la convirtió en un referente.
El fulgor de su descarada opulencia, asfixiada entre los decorados de mansiones, empresas y apartamentos, las hombreras y las lacadas cabelleras, se asoció con una elegancia suprema.
Interpretada con malévola perfección por Joan Collins, Alexis se convirtió en una de las villanas preferidas de la pequeña pantalla, inaugurando una memorable rivalidad con Krystle durante los nueve años que duró la serie.
La llegada de Alexis fue una declaración de intenciones.
El nuevo derrotero de la serie estaba claro: potenciar el exceso lujoso – y lujurioso – de la espesa saga y exprimir el sensacionalismo hasta límites inconcebibles.
Las tramas cada vez más enrevesadas, con cegueras, abortos, envenenamientos, juicios sumarísimos, hijos perdidos y peleas de gatas entusiasmaron al público de la época, que la convirtió en un referente.
El fulgor de su descarada opulencia, asfixiada entre los decorados de mansiones, empresas y apartamentos, las hombreras y las lacadas cabelleras, se asoció con una elegancia suprema.

Dinastía ejemplifica la soap opera norteamericana a la perfección, por su subordinación al golpe de efecto.
La coherencia se escapa en más de una ocasión; especialmente, por el famoso recast de varios personajes – es decir, que otro actor haga un papel ya asignado - debido a las infernales peleas entre las estrellas y los productores por los salarios, que puntearon todos los finales de temporada.
Cada vez más seguros de su éxito, Dinastía sucumbió precisamente a su excesiva ambición. Culminó su quinta temporada con el más extravagante cliff-hanger posible.
Todos los personajes asisten a la boda de Amanda Carrington con el Príncipe de Moldavia y, en el momento cumbre, una guerrilla asalta el templo, disparando a todos los invitados.
La famosa “Masacre de Moldavia” puso las expectativas en tal alto lugar, que lo siguiente sólo podía retorcerse hasta volverse ciencia-ficción.
Ahí está ese momento inconcebible en que un platillo volante decide llevarse a Fallon de paseo.
Junto a esa pérdida de cualquier noción de verosimilitud, estuvo el lanzamiento de "Los Colby", pomposamente subtitulada “Dinastía 2”, que presumía de detentar un millón de dólares de presupuesto por capítulo.
La coherencia se escapa en más de una ocasión; especialmente, por el famoso recast de varios personajes – es decir, que otro actor haga un papel ya asignado - debido a las infernales peleas entre las estrellas y los productores por los salarios, que puntearon todos los finales de temporada.
Cada vez más seguros de su éxito, Dinastía sucumbió precisamente a su excesiva ambición. Culminó su quinta temporada con el más extravagante cliff-hanger posible.
Todos los personajes asisten a la boda de Amanda Carrington con el Príncipe de Moldavia y, en el momento cumbre, una guerrilla asalta el templo, disparando a todos los invitados.
La famosa “Masacre de Moldavia” puso las expectativas en tal alto lugar, que lo siguiente sólo podía retorcerse hasta volverse ciencia-ficción.
Ahí está ese momento inconcebible en que un platillo volante decide llevarse a Fallon de paseo.
Junto a esa pérdida de cualquier noción de verosimilitud, estuvo el lanzamiento de "Los Colby", pomposamente subtitulada “Dinastía 2”, que presumía de detentar un millón de dólares de presupuesto por capítulo.

La duplicación de la serie alienó al público y la audiencia cayó en picado a lo largo de la séptima temporada.
En 1989, “Dinastía” se despidió inesperadamente de las pantallas, con un cliff-hanger, que trató de resolverse, sin demasiado éxito, en una secuela en forma de Tv-movie, "Dinastía: La reunión".
En 1989, “Dinastía” se despidió inesperadamente de las pantallas, con un cliff-hanger, que trató de resolverse, sin demasiado éxito, en una secuela en forma de Tv-movie, "Dinastía: La reunión".

