martes, 6 de marzo de 2012

La Desesperación y La Súperserie


Para cantos del cisne, "Mujeres Desesperadas".
Mi despedida coincide con su recta final. Es una bonita casualidad, porque Wisteria Lane ha sido una de las mayores culpables de mi seriefilia.


Su piloto, estrenado en la ABC hace ocho años, tuvo la entidad del bombazo.


Los críticos colocan el nacimiento de "Mujeres Desesperadas" en lo que llaman "la edad de oro de la televisión", pomposa definición, formulada por los que descubrieron las series ayer por la tarde.
En realidad, la primera década del siglo ha sido una racha favorable, como ha habido muchas y muy fructíferas en la historia de Catodia.


Esa buena época nuestra, que iría desde 2004 hasta 2009, ha sido más virulenta por internacional, debido a la multiplicidad de soportes para conocerlas.
También confluyó la popularidad de las series de la HBO, cuya calidad cuasicinematográfica espolearía a todas las demás cadenas, ya fueran generalistas o por cable.


La racha ha sido buena, pero accidentada, como está acostumbrada la pequeña pantalla.
Cualquiera que haya estado al tanto de lo que ha pasado en televisión entre 2004 y 2009 sabe que se han estrenado títulos de lujo, pero también una ristra de clamorosos fracasos.


"Mujeres Desesperadas", articulada con astucia, pudo apuntarse al viento favorable.
Se miró decididamente en el espejo de "Six Feet Under" y "Sex and The City", mientras se preocupaba por lanzarse como rotundo show femenino.


En sus propios términos, "Mujeres Desesperadas" es el mejor ejemplo de una "súperserie".
No tanto porque sea súper, sino por su condición fuertemente híbrida.


Combinaba los tres géneros clásicos de las series: la sitcom, el culebrón y la dramedia.
Así, "Mujeres Desesperadas" era un cóctel altamente ambicioso devenido en fenómeno consolidable.


Durante ocho temporadas, ha habido muchos cambios y mil pasos en falso, pero la serie se marcha con dignidad y sus cuatro chicas al completo.
Nos llevamos, ante todo, buenos recuerdos de "Mujeres Desesperadas".


En aquella temporada 2004/05, la ABC también estrenaría otras dos súperseries: "Lost" y "Anatomía de Grey".
Un gran año para la cadena, sin duda.


Pese a la popularidad de los tres títulos, la súperserie se pondría de moda de una manera más teórica que real.
Las cadenas nunca han confiado demasiado en esos platos combinados, especialmente cuando están subordinados a la continuidad entre episodios.


Las súperseries son muy caras, se han enfrentado a públicos esquivos y sufren problemas de tono.
Es el caso de "Anatomía de Grey", que nunca ha sabido si ser más lacrimógena que graciosa, o más episódica que culebronesca.
Como ha sucedido en "Mujeres Desesperadas", la falta de rumbo se ha suplido con repetición.


Edad de oro o buena racha; como gran verdad, finalizó hace rato. Sólo basta ver la temible lista de estrenos de las cadenas generalistas desde 2010.
En los canales por cable, el declive es menor, pero también considerable.
Ahí ha estado el inmediato descalabro cualitativo de títulos como "American Horror Story", "The Killing" o la mismísima "The Walking Dead".


La generalista NBC es esa gran sufridora, porque no levanta cabeza. Lo último tiene los nombres de "Smash" y "Awake".


Para la promoción que se había desplegado y los ingredientes que había en juego, tanto su calidad como sus audiencias han sido decepciones evidentes.
Venían a arrasar y no han convencido a casi nadie.


El problema reside en el fantasma de aquel legendario triple éxito de la ABC.
Se intentan shows de mujeres desesperadas y no se consiguen. Ahí está la propia ABC, buscando inútilmente el recambio en las inútiles "Pan Am" y "GCB".


Se procuran dramas hospitalarios con toque espiritualista, siguiendo la estela de Meredith Grey y compañía. Los bostezos con "A Gifted Man" han sido sonoros.
Y qué decir del lostismo. En los últimos ocho años, se ha gastado un dinero insano en repetir el impacto de la aventura sobrenatural y enigmática de "Lost".


Las últimas intentonas no llegarán muy lejos: hoy mismo, FOX anunciaba la cancelación de "Terra Nova" y no sonríe precisamente ante los números de "Alcatraz".


Entre las mayoría de las series estrenadas durante estos dos últimos años, se huele cierta pereza y escaso criterio. Y, sobre todo, un aire de inseguridad, achacable a estos tiempos de crisis económica.
Se olvida, quizá de manera inescapable, que el riesgo y la energía han sido los valores clave detrás de los mejores y más duraderos éxitos de la televisión norteamericana de todos los tiempos.


¿Volverán buenos vientos? No me cabe duda.

2 comentarios:

MAR dijo...

1°)Tenes razón,las superseries empezaron antes que el 2004 con Los Soprano,Six feed under y no te olvides de 24.
2°)American story horror no esta tan mal.
3°)No esta todo perdido,todavía hay joyas como Homeland.

Apañó dijo...

Creo que últimamente abundan más los fracasos que los éxitos.
Solo me bastó ver dos capítulos de "Terra Nova" para olvidarme de dicha serie; aburrida y muy predecible, cansina en definitiva.
"The Walking Dead" no acaba de convencerme en su segunda temporada, muy aburrida y carente de originalidad.
A "Alcatraz" estoy a punto de abandonarla, tampoco engancha lo suficiente.
En fin, por lo menos "Spartacus" no defrauda y sigue recurriendo a Eros y Thanatos, indistintamente, para proporcionarnos sugestivas y poderosas emociones.
Saludos.