
Este domingo, se entregan los Oscars y, a su carrera, se prenden las nueve nominadas a mejor película.
Una colección temible, cuanto menos.
Este año, y más que nunca, salta a la vista la escasa calidad de las optantes al premio gordo de la Academia.
Una colección temible, cuanto menos.
Este año, y más que nunca, salta a la vista la escasa calidad de las optantes al premio gordo de la Academia.

¿Nada nuevo? Sí y no.
Siempre hay deméritos, omisiones imperdonables y truños de cuidado, pero también abundan joyas escondidas y notables títulos.

Siempre hay deméritos, omisiones imperdonables y truños de cuidado, pero también abundan joyas escondidas y notables títulos.

En esta edición, la nómina es descorazonadora, sobre todo porque divisamos grandes nombres firmando errores garrafales.
La Academia de Hollywood ya no sólo concurre en decisiones equivocadas, sino que ha dejado de tomarle el pulso a su propio cine.
La Academia de Hollywood ya no sólo concurre en decisiones equivocadas, sino que ha dejado de tomarle el pulso a su propio cine.

Elogia a los títulos que se construyen para encantarla, trufados de unos ingredientes perfectamente reconocibles.
A ella le encantan y a nadie más, porque no es una lista ni de taquillazos ni de películas apasionantes.
A ella le encantan y a nadie más, porque no es una lista ni de taquillazos ni de películas apasionantes.

Por mi parte, puedo decir que sólo me gustan, verdaderamente y por distintos motivos, dos de las nueve nominadas: "El Árbol de la Vida" y "The Help".

La película trascendente, como el mensaje que transmite Terrence Malick, "El Árbol de la Vida" es una extraña entre iguales.
No se sabe bien qué hace en los Oscars, pero la reputación artística de su director ha sido decisiva.
No se sabe bien qué hace en los Oscars, pero la reputación artística de su director ha sido decisiva.

Recordemos que Malick ya paseó sin triunfar por estos parajes con "La Delgada Línea Roja".
Si no se produce un milagro astronómico-dinosaúrico-panteísta, esta obra de arte, alérgica al juicio moderado, correrá la misma suerte.
Si no se produce un milagro astronómico-dinosaúrico-panteísta, esta obra de arte, alérgica al juicio moderado, correrá la misma suerte.

En cambio, "The Help" rezuma claras intenciones oscarizables.
Se la conoce como la única de la lista que ha sido un éxito exponencial, porque es una auténtica fiesta, articulada con astucia y oficio.
Se la conoce como la única de la lista que ha sido un éxito exponencial, porque es una auténtica fiesta, articulada con astucia y oficio.

Tendrá defectos, no será importante, pero se arroba el poder de la convicción; al menos para quien encuentre suculento este generoso plato de dolor y lucha femenina.

Con "The Descendants", entramos en el terreno de lo estimable.
Se nos presenta un drama familiar, regido por una narrativa cuidada y sensible.
Se nos presenta un drama familiar, regido por una narrativa cuidada y sensible.

Su director, Alexander Payne, rebaja el tono de sus anteriores obras, para hacer más accesible su universo de perdedores y paisajes.
En este caso, se sumerge en un lugar tan desconocido como el Hawaii contemporáneo.
En este caso, se sumerge en un lugar tan desconocido como el Hawaii contemporáneo.

Aunque diste de ser la hostia y peque de un guión redundante, "The Descendants" atesora una de las mejores y más imaginativas secuencias del año: el momento de Shailene Woodley en la piscina.

Por su parte, "The Artist" se apunta a la nostalgia y la esperanza en la recuperación, dos sensaciones que la hacen la gran favorita de estos Oscars.

Su capacidad de convencer con un espectáculo mudo, al viejo estilo, podrá afianzar tanto esa victoria como disuadirla.
También contrarrestará el hecho de que sea extranjera, aunque se cuenta como seguro que la noche se vestirá de francesa y brindará con champán.
También contrarrestará el hecho de que sea extranjera, aunque se cuenta como seguro que la noche se vestirá de francesa y brindará con champán.

"The Artist" se consolida como una experta en arrancar sonrisas y se demanda al perrito Uggie en el escenario de los dorados.

"Medianoche en París", la otra oh-la-lá de la terna académica, representa el retorno de Woody Allen.
¿Por qué ahora?, se preguntarán sus fieles.
¿Por qué ahora?, se preguntarán sus fieles.

Recuperación o no del cine alleniano, lo cierto es que "Medianoche en París" ha llegado a los Oscars como todas: con impulso.

En este caso, han sido determinantes su carrera comercial, su reputación entre la crítica y la promoción de sus responsables.
Tríada de éxito para un suave viaje al pasado, que se paseará por los encantos oscarianos, mientras su director seguirá tocando el clarinete en algún glorificado antro neoyorquino.
Tríada de éxito para un suave viaje al pasado, que se paseará por los encantos oscarianos, mientras su director seguirá tocando el clarinete en algún glorificado antro neoyorquino.

Un compañero de generación de Allen nos trae "Hugo".
Es esa producción gorgeous, visualmente formidable, que supone la película más nominada de esta edición.
Es esa producción gorgeous, visualmente formidable, que supone la película más nominada de esta edición.

Es la muestra de un Martin Scorsese tan virtuoso como siempre y tan vacío como casi todos sus títulos de los últimos veinte años.

Esta sobrevalorada "Hugo" es un cuento torpemente ejecutado, con un guión sin brillo ni ritmo, mientras su director demuestra moverse en terrenos nuevos y procede con timidez.
Quién sabe lo que podría haber hecho con esta historia, por ejemplo, Hayao Miyazaki, dentro de una de sus fantasías animadas.
Quién sabe lo que podría haber hecho con esta historia, por ejemplo, Hayao Miyazaki, dentro de una de sus fantasías animadas.

"Hugo" es el Scorsese cinéfilo antes que el Scorsese cineasta, tomando encantos ajenos y adicto a la nostalgia.
Mi única nostalgia es aquel eléctrico Scorsese de toda la vida.
Mi única nostalgia es aquel eléctrico Scorsese de toda la vida.

A continuación, aparece "Moneyball". ¿Está también sobrevalorada? Quizá, porque la vi y he de confesar que no me acuerdo de nada.

Supone la prueba de lo que pasa con todas estas películas del Oscar: su huella en el espectador es cada vez más discreta.

Bajando al estrato de lo desastroso, aparece "Extremely Loud & Incredibly Close", la más unánimemente cuestionada de las nueve nominadas.

No es una película horrible, pero sí fallida y empalagosa, imbricada emocionalmente en el largo luto del 11 de Septiembre.
Se pretende rara y original, demostrando que esas características no implican que sea necesariamente interesante.
Al final, su rareza deviene en la comodidad conocida.
Se pretende rara y original, demostrando que esas características no implican que sea necesariamente interesante.
Al final, su rareza deviene en la comodidad conocida.

En todo caso, el espectador pasará más tiempo deseando que Max Von Sydow le arree un panderetazo a ese niño insoportable que sintiendo las presuntas linduras de la historia.

El problema principal es el desajuste entre el texto excéntrico e inadaptable de Jonathan Safran Foer y el estilo calmoso del director Stephen Daldry.

Pero lo peor de lo peor es "War Horse", y aquí sí que me arremango.
Que en 2012 se haga una película protagonizada por un caballo no es vil.
Que en 2012 se haga una película protagonizada por un caballo no es vil.

Sí lo es que la vendan por buena y la colmen de planos maravillosos, de bandas sonoras indicativas, de miradas titilantes y de todo lo que perpetra el gran Spielberg cuando es malo de verdad.
Ya sabemos que es un niño grande y con tendencia a lo antigüito.
Ya sabemos que es un niño grande y con tendencia a lo antigüito.

Pero "War Horse" es el acabóse.
Está en la vena de "Lassie Come Home" y "National Velvet", esas películas que Elizabeth Taylor hacía cuando todavía no tenía novio. Es decir, el año catapún.
Está en la vena de "Lassie Come Home" y "National Velvet", esas películas que Elizabeth Taylor hacía cuando todavía no tenía novio. Es decir, el año catapún.

"War Horse" no es ni retro. Es falsa y carca. Y ya le gustaría tener el disfrute de "National Velvet".
He ahí la cuestión. De intenciones, pretensiones y dólares van cebadas todas estas películas; de verdadero goce, casi ninguna.
He ahí la cuestión. De intenciones, pretensiones y dólares van cebadas todas estas películas; de verdadero goce, casi ninguna.

Los Oscars nunca se contaron ejemplares, pero ahora son directamente aburridos.
De ahí a lo insufrible, queda un paso.
De ahí a lo insufrible, queda un paso.
2 comentarios:
A mí me gustó "The Descendants", precisamente por su sencillez y por el carácter entrañable de la generalidad de los personajes, desde el mismo Clooney hasta el novio tontaco de su hija o su suegro gruñón.
Le di una oportunidad a Malick, porque guardaba un grato recuerdo de "La Delgada Línea Roja" y de mi admirado Nick Nolte (genial en "El Príncipe de las Mareas") pero "El Árbol de la Vida" me resultó infumable y excesivamente pretenciosa; su supuesto mensaje trascendente se perdía entre un facilón misticismo contemplativo, muy lejano de la metafísica vitalista de, por ejemplo, "El Último Sello".
"War Horse" decidí que no iría a verla "ni jarto vino", pues ya intuía que sería más o menos como la describes.
No he visto las demás películas pero, por lo que comentas sobre ellas, yo apostaría por "The Descendants".
Saludos
Bueno, no comparto lo que dices sobre Hugo, a mi me parecio todo lo contrario, me encantó este espléndido homenaje.
Y concuerdo con que The tree of life inesperadamente entró en la terna a mejor pelicula, pero dudo que logre el premio.
Saludos.
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