martes, 3 de enero de 2012

El Placer de "The Vampire Diaries"


¿Por qué "The Vampire Diaries" es tan adictiva?, podría preguntarse cualquier seriéfilo en medio de la noche, padeciendo la más existencial de las angustias televisivas.
La respuesta es más obvia de lo que parece. Porque es jodidamente buena.


Fruto del relanzamiento del romanticismo vampírico, "The Vampire Diaries" se consolidaba enseguida como un buen éxito entre el público juvenil.
Actualmente, es la serie más vista de The CW, cadena generalista norteamericana especialista en teen shows como "Gossip Girl", "One Tree Hill" o "Supernatural".


"The Vampire Diaries" cumple con las líneas básicas de los productos del canal.
Está protagonizada por nenes bien vestidos y mejor peinados, que se aman, pelean y sufren, mientras canciones de grupos novedosos irrumpen atronadoras en momentos decisivos de la acción.


A pesar de esas limitaciones de fábrica, "The Vampire Diaries" ha conseguido una entidad propia plenamente satisfactoria.
Lo suyo es una mejora progresiva. Y de placer culpable, ha terminado por convertirse en placer a secas.


Cuenta la historia de Elena, valiente teen de pelo lacio, residente en la neogótica localidad de Mystic Falls.


Tras un cruel verano que la dejó huérfana y triste, conoce al misterioso Stefan Salvatore.
Stefan y Elena se enamoran inmediatamente, mientras descubrimos el gran secreto del muchacho: es un vampiro centenario, que ha cruzado océanos de tiempo para encontrar a Elena.


Entra en escena Damon, el malévolo hermano de Stefan, modalidad de chupasangre más cínico y brutal.


La rivalidad de Stefan y Damon se remonta a los tiempos de la sombrilla y el corsé.


Allí competían por el amor de Katherine, insaciable villana de los colmillos, responsable de la conversión de los hermanos Salvatore.


Significativo es que Elena sea la doble exacta de la legendaria Katherine, por lo que el viejo triángulo amoroso no tardará en repetirse.


Obviamente, nada nuevo.
"The Vampire Diaries" es contemporánea, y por tanto, un popurrí de clichés y cosas vistas con anterioridad, que desarrolla entre la confesa herencia y la pura desvergüenza.


Queda redimida por su buena manufactura, su impecable progresión y su simple honestidad.
No hablamos de una serie especialmente pretenciosa; sólo quiere ofrecer un digno entretenimiento.


"The Vampire Diaries" tiene unos episodios iniciales bastante modestos, pero pronto la serie demuestra una valentía inaudita en televisión.
Entre otras cosas, cuando mata sin contemplaciones a uno de sus personajes principales.


Así define su carácter imprevisible, a medida que se propician las revelaciones y su mitología se enriquece.


La segunda temporada - hora de la verdad para todas las series - se vive como una intensa escalada.
Los secundarios pasan de ser simples comparsas a robar la función al trío protagonista.


Un personaje como Caroline resume la excitación de "The Vampire Diaries": una mirada romántica y ligera a los dolores del crecer, bajo la licencia de la fantasía.


Para el público más adulto, este título quizá sufra en comparación con la más fascinante y golfa "True Blood".
Aunque, en ciertos aspectos, "The Vampire Diaries" es mejor.


Posee esa sensación de peligro inminente de la que ha carecido "True Blood" en ocasiones.
Cuando "True Blood" duda, "The Vampire Diaries" lleva un rato corriendo con su buen impulso.


"The Vampire Diaries" no tiene miedo a la pérdida, ni de sus seres ni de sus tramas, porque es imaginativa con sus recursos.
Y sus estereotipos iniciales han dado más juego del esperado.


Ahí están las intercambiables personalidades de los hermanos Salvatore, donde se juega continuamente con las atribuciones de maldad y bondad.


Los flashbacks que rastrean los orígenes de las criaturas de Mystic Falls se resuelven con suntuosidad y devoción retro, pero no resultan excesivos.


El diseño de producción saca tanto misticismo de esas esporádicas evocaciones de época como del inefable escenario del high school yanqui.


La serie juvenil mejor entretejida del momento, justa merecedora de sus buenos datos de audiencia, "The Vampire Diaries" cumple ahora su tercer curso.
Aumenta la emotividad, sigue moviendo con habilidad sus piezas argumentales y parece cumplir deudas con sus más desaprovechados personajes.


El británico Joseph Morgan se ha hecho particular highlight como el diabólico y magnético Klaus.
Una presencia tan ambigua y sexy, que me convence de que esta serie no es ninguna tontería.


Para los adolescentes, "The Vampire Diaries" es un plato completamente irresistible. Para los mayores sin complejos, una estupenda manera de pasar el tiempo.

6 comentarios:

sil4300 dijo...

Y no olvidemos las fiestas en Mistic Fall un dia si y otro también y todos los maromos (vampiricos y lobunos) que pululan por el pueblo...

Lo dijo...

Es una mezcla de Gossip Girl (en sus buenos tiempos) con True Blood. Reconozco haberla empezado a ver por pasar el rato, pero ahora no es que esté enganchadísima pero sí que me tiene en ascuas. Que al final me está gustando y todo! Soy una eterna adolescente...

Alejandro Starstruck dijo...

Hay que mencionar que en cada episodio casualmente hay una celebración o fiesta que debe mantener los índices de cáncer de hígado de los habitantes por las nubes. Despite that, una MUY BUENA serie que esperamos siga así por mucho tiempo.

Han dicho que en las próximas semanas un protagonista se irá de la serie...:/

Camisetas y Regalos dijo...

A mí me encanta la serie también.

Me recuerda lejanamente a Buffy, la Cazavampiros, por su tonillo culebrón adolescente con seres sobrenaturales, aunque sin el cutrismo televisivo de la otra.

Y es verdad que engancha mucho.

Buen blog. Ya te sigo. Saludos

CaféOlé dijo...

Tardé un montón de tiempo en decidirme a ver esta serie porque en serio te digo que me daba un perezón horroroso... los primeros capítulos me parecieron una sinsorgada pero como soy inasequible al desaliento en el tema series ahí seguí, insitiendo.
Y, al final, ha resultado que no me pierdo ni un solo capítulo!!! Menos mal que era para adolescentes.
Besos.

Josito Montez dijo...

Me alegro de que compartáis el placer más o menos confesable que supone esta serie.
Bienvenida, Camisetas!