martes, 26 de abril de 2011

Historia y Polémica en "The Kennedys"


Miniserie de ocho capítulos, "The Kennedys" estaba destinada a ser la primera obra de ficción propia que estrenara The History Channel.
Desde los primeros borradores del guión, ya se sucedieron opiniones, discrepancias y llamadas de alerta en torno al contenido.


Como gran ironía, "The Kennedys" acababa siendo objeto de una lucha de influencias, a la que la familia retratada nunca ha sido extraña.


The History Channel terminaba por rechazar la miniserie.
Se cuenta que las presiones de Caroline Kennedy, Maria Shriver y otros ofendidos han sido clave en la decisión de los ejecutivos de la cadena.


En un comunicado, The History Channel aseguraba que "The Kennedys" no era lo que habían pedido originalmente y, por tanto, contravenía el estilo y orientación de su programación.


"The Kennedys" se convertía instantáneamente en el fruto prohibido. Todos los canales del cable norteamericano deseaban estrenarla, pero ninguno se atrevía.
Al final, Reelz Channel, una cadena minoritaria, ha sido el destino de "The Kennedys". Y, como se esperaba, le ha otorgado unos inmejorables datos de audiencia.


Una vez vista, se ha producido una discrepancia total entre los críticos.
Hay quien la saluda como una jugosa entrega de ficción sobre la más fascinante dinastía de la Historia reciente.


Otros sostienen que "The Kennedys" es simplemente mala y que no hubo más presión para The History Channel que la baja calidad del resultado.
Y otros, los puristas de siempre, abominan contra inexactitudes históricas y visiones superficiales sobre grandes conflictos.


"The Kennedys" no es ni mejor ni peor que la mayoría de la televisión histórica/historicista que hemos visto.
Es terriblemente entretenida, está muy bien contada y su ritmo no decae en ningún momento.


Se centra en los cuatro personajes clave de la familia Kennedy, y el marco temporal se vertebra desde la victoria electoral de John Fitzgerald hasta la muerte de Robert, intercalando pertinentes flashbacks.


El estilo narrativo vive más cerca de un chismoso reportaje de E!, con toque trashy incluido, que de cualquier revisión crítica e intelectualizada que pudiera ofrecer la HBO.


"The Kennedys" no es un caldeadísimo drama político, al estilo de Oliver Stone; sólo una narración ligera, a veces emocionante, sobre los dramas de una familia de la aristocracia norteamericana.


La polémica que ha generado es poco entendible; al menos, desde nuestro punto de vista.
Los líos de faldas de Jack, la oscura relación con la Mafia o la lobotomía de Rosemary son cuestiones que ya sabíamos y, a estas alturas, no deberían sorprender a nadie.


Son parte de la leyenda kennedyana, y retratarla no le resta mitificación ni encanto al presidente sixties y los suyos; sólo les otorga más importancia.


En cuanto sus precisiones históricas, estamos hablando de ficción, señores.
Aligerar la Historia es una estrategia en la que incurría el mismísimo Shakespeare.
Así, tomarse licencias y libertades se revela incluso recomendable, por mor del ritmo cinematográfico o televisivo.


Pero la fidelidad a la Historia se equipara a la corrección política. Antes ni se sabía lo que era, y ahora saltársela se considera una ofensa a los dioses.


Tanto Katie Holmes como Greg Kinnear están adecuados como la pareja más linda que conociera la Casa Blanca.


Pero el misterio sigue cerniéndose sobre la personalidad del presidente, y la miniserie se muestra especialmente tímida con Jacqueline, retratada como una sufriente cornuda y una heroína de sí misma.


Barry Pepper y Tom Wilkinson roban la función desde el primer momento.
Pepper interpreta a Bobby con especial miga, y su historia termina por resultar más potente que la de su hermano.


Por su parte, Wilkinson está sensacional como el terrible Joe Kennedy, patriarca e impulsor de la carrera política de sus hijos, la auténtica llave para entender el esplendor y terror de los Kennedy.


No cabe duda que la absorbente historia de tan contradictoria familia necesita todavía una ficción definitiva.
Pero, tal y como sus supervivientes han reaccionado ante este moderado exposé, ha quedado claro que no se producirá en breve.


Al final, la hinchada polémica ha expresado nuevamente un genuino miedo de los ricos y poderosos, que no distingue ni ideologías ni partidos.
Porque los que se visten de grandes progresistas también temen hasta la más insignificante de sus verdades.

1 comentario:

Lord Alfred dijo...

Sobre todo ese Bobby Kennedy que parece el mismísimo James Dean redimido...