miércoles, 18 de febrero de 2009

Quiero ser... Elphaba Thropp


Empezaron a llamarme Bruja, cuando se difundió la noticia de que seguía viva y residía en la fortaleza de Kiamo Ko, al Oeste de la Ciudad Esmeralda.


Vestía de negro, volaba con escoba y pretendía colocar unas alas a un mono, para convertirlo en un Mono Alado. Y no quería saber nada de mi pasado.


Nací en el país de los Munchinks, con la piel verde y dos fauces. Los colmillos desaparecieron; el color, jamás. Supongo que esa diferencia marcó mi vida desde el principio.
Siempre fui irreverente, contestona y un tanto solitaria. Glenda diría que incluso triste.
Nos conocimos en el colegio de Crage Hall y nos hicimos amigas, pese a lo diferentes que éramos.


Allí fue donde empecé a entender el problema de los Animales y los dudosos planes del Mago en torno a sus derechos civiles.
Derrocar al déspota de Oz se trocó pronto en obsesión y supuso mi caída en desgracia. Pasé de defensora de la ecología a terrorista de ciudad, lejos de mis amigos y mi familia. Fue la época más turbulenta de mi vida, donde conocí a mi primer y único amor, Fiyero.


No sé lo qué significa la maldad ni porqué me atribuyeron ese papel.
Al final, el Mago me envió su brazo armado: una niña inocente dotada de alma.
Yo no quería tener alma, porque significaba vivir para siempre. Y mi vida fue un desastre, una decepción continua. Tal vez la maldad consiste en perder.


Fui incapaz de descifrar el Libro y acabar con el Mago.
Pero Oz jamás olvidó a Elphaba Thropp, la Malvada Bruja del Oeste.
Dicen que tuve un hijo.