jueves, 20 de marzo de 2008

Jonathan Rhys Meyers


Tanto Jonathan Rhys Meyers como Eric Bana nos están enseñando una lección de Historia que no conocíamos: El rey Enrique VIII estaba bueno.
Toda la vida pensando que era como Charles Laughton, y llegan "Las Hermanas Bolena" y la serie "Los Tudor" a darnos una nueva imagen del monarca mujeriego y cismático.


Jonathan, todo morritos y ojos de visitante interplanetario, ha ganado mucho desde "Velvet Goldmine".
Como actor y como tío bueno, está superando esa especie de ambigüedad obvia que le caracterizaba en un principio y se acerca cada vez más a lo interesante.


Hay dos papeles que me hicieron fan de Rhys Meyers. Su entrenador de "Quiero ser como Beckham" y, por supuesto, su arribista upper-class de "Match Point". Son dos películas cojonudas, y Jonathan convence y seduce.


Me lo comía entero con chándal y me encantaría ser Scarlett Johansson. Si me tienen que pegar un tiro, por lo menos que me quiten lo bailado (y lo follado en el descampado).


Jonathan también tiene vida en la televisión, y ahí está clavando sus ojos azules para la colonia Hugo Boss y recibiendo las mejores críticas de su vida en la ficción histórica de "Los Tudor".
Pero ya había entusiasmado con su retrato de Elvis Presley a golpe de miniserie, que le reportó un Globo de Oro.


Mucho trecho nos queda con Rhys Meyers. A por él.