miércoles, 10 de octubre de 2007

Todo sobre Eva


Ahora se llama Eva Longoria Parker. Así aparece en los créditos de "Mujeres Desesperadas", tras casarse en julio con el baloncestista Tony Parker. Es la chica de L'Oreal, con un contrato millonario. Y sigue cultivando esa imagen de tía "sexy" y divertida. Ella misma lo dice:
"Soy como la Blanche de "Las Chicas de Oro". Con la cabeza en su sitio; pero si llega un hombre, pierdo el sentido."

Cuando comenzó "Mujeres Desesperadas", Eva Longoria parecía tener la batalla perdida de antemano.
Frente a ella, estaban Felicity Huffmann, Marcia Cross y Teri Hatcher. Actrices de raza, con mayor experiencia, y que habían encontrado en la serie la refutación perfecta a sus carreras.
Eva era casi novata. Hasta entonces, destacaba sólo en su currículum la participación en la eterna serie diaria, "The Young and the Restless".
Y en "Mujeres...", aparentaba ser sólo el toque latino de la serie. La más guapa de todas y la más prescindible. A ellas las colmarían de alabanzas y de nominaciones; a la Longoria, de sesiones en las revistas de modas.


Su Gabrielle Solís era adúltera y caprichosa. Se movía entre los polvos con su jovencísimo jardinero y las sacudidas a la cuenta corriente de su marido.
Pero como todas las desesperadas, el papel de Eva tenía más miga de lo que se ve a simple vista. Como el barrio donde vive, hay algo detrás de Gaby.
Aparte de su indudable belleza, la Longoria tiene un sentido del humor nato. Es una comedianta espectacular y es igual de actriz que sus veteranas compañeras. Eso lo ha demostrado con creces durante la andadura de la serie.
Y la crítica se rindió ante ella en la segunda temporada.
Siempre que se habla de esa controvertida fase de la serie, tiende a decirse que lo mejor fue Eva Longoria. Sobre todo, el momento inolvidable de su catfight con una monja.
Nos gusta la Longoria, porque da buen rollo y tiene auténtica clase, hasta cuando pierde la vergüenza. Y nos deberíamos aplicar su filosofía:

"Definitivamente, no soy Bridget Jones. No creo que en el mundo entero no existan hombres buenos. Enteraos, chicas, hay montones de tíos maravillosos detrás de cada esquina".


Eso sí, que no se ponga mechas rubias, que no le quedan bien.